Con flecos: el vestido de Nochevieja se entiende mejor en movimiento
No era solo la línea, sino el movimiento. Un siglo más tarde, sigue primando esa obsesión por el dinamismo, que también se traslada a los diseños. En 2025 y 2026 la prevalencia del vídeo sobre la imagen estática añade otra dimensión, como ya lo hicieron varias disciplinas de baile a comienzos de s. XX. Frente a la rigidez del vals, el ragtime resultaba francamente liberador. Más libre de movimientos y, por tanto, más cómodo, menos encorsetado y más sensual. En ese abanico de detalles que añadir a los vestidos, los flecos se convirtieron en la mejor baza para no pasar desapercibida. En 1926, Vogue hablaba del boom de los flecos entre las propuestas más chic de la primavera, aludiendo a un diseño asimétrico de Stein and Blaine cuyo bajo se componía de varias capas. “Mientras París baila, los flecos marcan el compás de la noche con un ritmo elegante”, titulaba un artículo de la revista un año después, en su número de febrero, haciendo referencia a Madame Roger Hart y Madame A. Oppenheim como epítomes activos de la sofisticación. Sus respectivos vestidos, por supuesto, incluían ristras de este ornamento en la espalda y en los bajos. A fin de cuentas, no son tan diferentes los flecos de lentejuelas que planteaba Chanel en 1926 de los que hoy podemos ver entre las creaciones de Elisabetta Franchi o The Attico: aunque el corte mini a mitad del muslo sería un escándalo en los años 20, el propósito detrás sigue siendo el mismo, ya sea bailando Harlem Madness o La Perla de Rosalía.

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