¿Conocemos cómo funciona la Seguridad Social?
Cuando entramos en el mercado laboral, solemos hacerlo cargados de ilusión y con muchos planes por delante, aunque habitualmente con total ignorancia de nuestros derechos y obligaciones. A lo sumo, sabemos que Hacienda, a través de la Agencia Tributaria, será la que se encargue de exigirnos el pago de los impuestos, mientras que vamos cotizando en la Seguridad Social para poder acceder a la sanidad pública y tener derecho a una jubilación. El resto es un pozo sin fondo de términos y trámites que suelen provocarnos tal dolor de cabeza que preferimos mirar hacia otro lado.
Quizá por eso seguimos sin entender del todo cómo funciona la Seguridad Social, una pieza esencial del estado de bienestar que sostiene un complejo engranaje social que abarca desde la sanidad hasta las pensiones, pasando por las bajas laborales o el desempleo. “Nuestra Constitución obliga a que los poderes públicos mantengan un sistema de Seguridad Social para todos los ciudadanos que garantice asistencia y prestaciones en situaciones de necesidad. Este sistema, por tanto, nos protege ante casos de enfermedad, accidentes o desempleo”, explica José Carlos Pedraza Antolín, abogado y profesor en el grado en Derecho y del máster de Acceso a la Abogacía de la Universidad Nebrija.
Todo ello en función de nuestra base de cotización. “A mayor salario o rendimientos, mayor será la prestación, y cuanto menor sean nuestras rentas del trabajo, menores serán las prestaciones”, aclara Pedraza. En el caso de los trabajadores asalariados, la responsabilidad de sus cotizaciones recae sobre la empresa, que descuenta de la nómina la parte correspondiente al trabajador –la llamada cuota obrera– y se encarga de abonarla junto con su propia aportación a la Seguridad Social.
Teniendo en cuenta que este servicio suele estar externalizado en asesorías, el abogado reconoce que no es habitual que se produzcan errores en las cotizaciones, y en cualquier caso, la empresa empleadora es la responsable si se dan situaciones de impago. Aun así, advierte que los trabajadores no deberían desentenderse por completo: “Es muy recomendable que los empleados soliciten información de forma periódica a través de los diferentes canales que ofrece la Tesorería General de la Seguridad Social, para comprobar las bases de cotización por las que se está cotizando”.
Pero incluso en un sistema sólido, no todo está libre de fisuras. En ocasiones, por circunstancias personales o profesionales, se producen vacíos de cotización, periodos en los que una persona deja de cotizar y, por tanto, de contribuir a la Seguridad Social. Excedencias, contratos temporales o etapas sin actividad dejan huecos difíciles de compensar y que, a largo plazo, repercuten en nuestro futuro. “Estas lagunas pueden afectar no solo a la pensión de jubilación, sino también a otras prestaciones, como las derivadas de una incapacidad permanente”, aclara Pedraza. El abogado recuerda que el sistema contempla la llamada integración de lagunas, que permite completar esos meses sin cotización con la base mínima vigente en el momento en que se realiza la acción: “A efectos de la pensión de jubilación de un asalariado –detalla–, se permite integrar un máximo de 48 meses dentro de los 300 que se tienen en cuenta para el cálculo de la base reguladora. Si hubiera más de 48, la base se integraría al 50%”.

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