El clan Bofill Paiva pasa mucho tiempo en la residencia de Mont-ras, la casa familiar donde precisamente la pareja se casó en 2022 acompañada de un reducido grupo de invitados; y en La Fábrica, la sede de Bofill Taller de Arquitectura, el estudio que el hijo menor del arquitecto dirige desde 2009 y del que tomó definitivamente las riendas tras la muerte de su padre en enero de 2022. Dos espacios carismáticos, inusuales y cargados de una fuerza monumental que protagonizan las páginas de este reportaje, firmado por el fotógrafo argentino Sebastián Faena, íntimo amigo de ambos. “Mont-Ras te educa, como también lo hace La Fábrica. Son espacios que modifican tu comportamiento y tu manera de pensar, te transforman. Cada detalle es una lección de estética e inteligencia. Son espacios desafiantes que te incitan a observar, leer y aprender. Nuestra dinámica familiar es particular porque en total tenemos cuatro hijos: uno es de Pablo, dos son míos y la cuarta es nuestra. El espacio ofrece diferentes combinaciones de interior/exterior, privado/público, juntos/separados; y refleja el espíritu de la familia”, explica Paiva sobre cómo ambos lugares vehiculan su relación familiar de una manera muy particular. Un enfoque que desarrolla así Pablo Bofill: “Mont-ras es una casa que respeta la libertad y la intimidad de cada uno. Hay espacios comunes donde compartir, pero existe un juego de circulaciones que permite que puedas acceder a tu habitación, a tu cubo, sin atravesar el resto de espacios, por lo que permite compartir momentos familiares sin tener la obligación de vivirlos. Actualmente es un lugar que estamos reconstruyendo y es un homenaje a la familia: a mi abuelo Emilio Bofill, constructor, y a mi padre Ricardo, arquitecto”, explica. Sobre la sede del Taller situada en Sant Just Desvern cuenta: “En La Fábrica se definió una forma de vivir, en un lugar único que así lo permitió, a la vez que ese lugar retroalimentaba su manera de habitarlo. Fue un proyecto visionario en su momento y es un proyecto visionario ahora. Un lugar que se adapta a su tiempo y mira hacia el futuro. Ha pasado de ser una fábrica de cemento a una fábrica de ideas donde artistas, creadores y arquitectos comparten una visión”. La arquitectura y el arte son presencias innegables en ambos escenarios pero, sobre todo, se experimentan con la plácida y natural cotidianidad que implica vivir en ellos. “Tenemos la gran suerte de poder transmitir nuestra curiosidad a nuestros hijos. El arte son puertas de entrada hacia lo desconocido, que te hacen tomar conciencia desde la humildad, de todo lo que aún nos queda por descubrir. Lo primero que tratamos de inculcar a nuestra familia es esta curiosidad constante, que se puedan expresar libremente según sus propias personalidades”, reflexiona Bofill.

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