Dos colecciones le han bastado a Zoe Oms (Barcelona, 2000) para dejar claro que es una diseñadora con las ideas muy claras. La catalana representa una de las apuestas más frescas del panorama nacional, y no solo por desmarcarse de la estética dosmilera que predomina entre las firmas de moda nacidas en los últimos años. Además, ha sido capaz de asentar en tiempo récord unos códigos muy visuales por los que ya es reconocible. En la pasarela de 080 Barcelona Fashion, donde debutó en 2024, puso de manifiesto que su intención es oscilar entre lo delicado y lo oscuro, con unas inspiraciones muy claras: “Desde pequeña, tanto la fotógrafa Petra Collins como las películas de Sofia Coppola han sido dos de mis principales referentes”, apunta. “Es esa atmósfera de adolescencia tan pura, frágil y sensible, pero a la vez, fuerte”, sostiene, mientras cita el romanticismo decimonónico que también impregna sus creaciones artesanales y maximalistas. “Ahora mismo no pueden faltar en mis moodboards ni Paolo Roversi ni Deborah Turbeville”, añade, en alusión al estilo más sombrío que caracteriza a estos dos fotógrafos de moda.
Oms se alinea con la forma de concebir las prendas que tienen creativas como Simone Rocha o Cecilie Bahnsen, de las que se declara fan absoluta. En sus colecciones proliferan las mangas farol, los volúmenes y los encajes. Se trata de forzar los elementos tradicionalmente asociados a la mujer para explorarlos desde todos los ángulos. Y en ese propósito la lencería juega, por supuesto, un papel fundamental: “Me atrae la idea de descontextualizar algo tan íntimo y vulnerable para que exprese individualidad y fortaleza”, comenta. La suya es una revisión de la hiperfeminidad clásica en la que “no hay espacio para la mirada masculina”, pero desde una perspectiva más cañera. Aquí evoca el trabajo de creadores japoneses como Noir Kei Ninomiya: “Es un poco más punk, con muchas piezas metálicas y elementos muy técnicos”.
En esos derroteros tan funcionales como etéreos se mueve precisamente Cloud, la propuesta de primavera-verano 2026 que presentó el pasado mes de octubre en la Ciudad Condal. Se inspiró en el ambiente recargado y melancólico londinense para cuestionar cómo afecta a las personas el tiempo nublado, tanto a nivel emocional como estilístico. “Buscaba explorar desde el detalle diferentes elementos de la ropa de lluvia. Por ejemplo, cómo funciona un arnés encima de un vestido delicado, que aporta estructura pero a la vez sirve de armadura emocional”, comenta al respecto de la superposición en sus looks. Tanto por su cuerpo como por su maleabilidad, el tafetán es uno de los protagonistas de la colección, al que le suma otros como el tul o los tejidos impermeables, con los que nunca antes había trabajado. A nivel cromático, la diseñadora se restringe al contraste del blanco y al negro. Aun así, es una ampliación de su paleta tonal, ya que su anterior colección, Ribbons and Ruffles, fue monocolor: “Pensé que el blanco me ayudaría a ser perfeccionista con los detalles y todo lo que involucraba en cuanto a texturas y siluetas. Además, simboliza este principio de pureza, casi virginal, de los vestidos”, recuerda al respecto de su desfile debut, muy al estilo de Las vírgenes suicidas.
Que la creativa catalana se encuentre en la línea de salida no es casualidad. En realidad, el suyo es un proyecto que lleva fraguándose a fuego lento desde 2022, cuando terminó sus estudios de diseño en el London Fashion College of Fashion. Tras hacer prácticas en la firma de punto Katya Zelentsova (en Londres) y en OnrushW23FH (en Barcelona), se aventuró a lanzar un proyecto propio. Oms, que está especializada en moda femenina, reconoce que ya desde los cuatro años tenía clara su vocación: “Dibujaba mis diseños en papel y me los enganchaba con celo”, confiesa. “Además, mi abuela me hacía disfraces superfantasiosos. Yo era una niña muy tímida, así que esos vestidos me permitían ser un poco más libre”, revela. En los últimos años ha estado moviéndose a caballo entre Londres y su ciudad natal, pero ahora se ha asentado definitivamente en Barcelona, donde dice que es más factible poder crear su marca. Tiene el taller ubicado a las afueras y ella es la única persona en el equipo. Cuenta que concibió Cloud en cinco meses, con la única ayuda de dos chicas de prácticas. “No tuve verano”, bromea. “Es abrumador trabajar así, pero funciono mejor bajo presión. Me lo paso bien”.

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