La película ahonda en esa adolescencia como momento aterrador a través de la historia de Natalia, una, claro, adolescente que junto a sus amigas Mariela y Josefina navega el convulso verano argentino de 2001 locamente enamorada de Diego. Aparece entonces esa chica mayor que es Silvia y Natalia pide ayuda a su abuela, bruja, para conquistar al chico que la trae obsesionada. “Habrás leído los cuentos de Mariana Enríquez y esta, igual que aquellos, es una película de suburbios. Sucede en el conurbano y yo necesitaba que los actores reflejaran esos lugares porque son muy chicos”, comparte la actriz sobre el proceso hasta dar con Dolores Oliverio, la debutante que da vida a la protagonista. “Necesitaba salir. Hicimos un casting abierto, literalmente, con flyers pegados en escuelas en todos los suburbios de la ciudad de Buenos Aires”, continúa. “Estuvimos dos meses, fue apareciendo todo el elenco y llegó Dolores, la última. Lo primero que me impresionó de ella es que tiene una voz muy profunda en un cuerpo que parece de cristal, que se va a romper. ese contraste me pareció interesante. Su mirada es magnética y es bailarina por lo que su gestualidad es importante. Lo mejor que puede tener una actriz es el magnetismo, ella lo tiene”.
“Mariana es muy querida. Acá la vemos ya como un ídolo popular, entró en esa categoría”, admite Laura Casabé divertida. “Antes de ser un boom literario en todo el mundo, ha sido una periodista histórica de reportajes. Labura desde que tiene 20 años y, sí, ahora se ha transformado en una suerte de ídolo popular. No solo es respetada y leída, pero además muy querida”, explica sobre esa figura de las letras admirada e idolatrada desde España.
Recuerda sutilmente La virgen de la tosquera a películas como Crudo, de Julia Ducournau, o a la Cerdita de Carlota Pereda, pero ese lugar de la mujer dentro del cine de terror se ha ocupado hace relativamente poco tiempo. “Creo que las mujeres siempre vamos a tener que abrir camino, no nos va a quedar otra. Ahora, luego de haber vivido los cambios paradigmáticos que sucedieron con la segunda ola de revolución feminista y viendo como se están cerrando puertas de nuevo, encuentro que nos van a pasar toda la vida la factura. Siempre vamos a tener que abrir camino y es algo intrínseco a nosotras”, comparte la cineasta. “En el cine de género va a ser más lento porque la cinematografía lo es, pero sí veo que en él hay cada vez más espacio para las mujeres. No solo eso, hay avidez por parte de los espectadores de ver el cine que hacemos. Abrir camino es lo que llevamos tatuado en la piel y es lo que vamos a tener que hacer siempre, es mejor hacerse a esa idea”, reconoce resignada.

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