27/06/2026

Christy Turlington: “Necesito mis momentos a solas, por eso me gusta tanto correr. Salgo durante una hora, sin música, solo silencio. Ese tipo de tiempo hay que reservarlo: no aparece por sí solo”

Igual que en sus fotografías más icónicas, incluso a través de Zoom, el rostro de Christy Turlington irradia luz: sereno, luminoso, en paz. Considerada por muchos la primera supermodelo más comprometida con el bienestar, Turlington lleva décadas equilibrando una agenda profesional intensa con el movimiento consciente y la espiritualidad. Hoy, entre su labor al frente de Every Mother Counts [Todas las madres cuentan] —la organización que fundó para defender la salud materna— y su nuevo papel como embajadora global de Lancôme, una firma que siente casi como parte de su historia personal, su mirada está más puesta que nunca en la longevidad. Así lo comparte en conversación con British Vogue, donde abre una pequeña ventana a su rutina.

Correr en silencio, su norma personal

“Cuando empecé a correr lo hacía por carreteras con mucho tráfico”, cuenta Turlington, explicando por qué prescinde de auriculares. “No me gustaba no saber qué pasaba a mi alrededor, así que empecé a encontrar mi ritmo en el silencio”. En un mundo saturado de estímulos constantes, correr sin música se ha convertido para ella en un acto casi meditativo. Y no va desencaminada: la sobreexposición al ruido y la dificultad para desconectar pueden alterar el llamado Default Mode Network: las áreas del cerebro que se activan cuando no estamos centrados en estímulos externos y que están relacionadas con estados como la ansiedad o la depresión.

Pero correr no es solo una cuestión de salud física o mental. Every Mother Counts, su organización, defiende el derecho universal a una atención materna digna y utiliza los maratones como herramienta para visibilizar (y recaudar fondos) frente a una realidad incómoda: para muchas mujeres, la distancia sigue siendo una barrera enorme para acceder a cuidados básicos. “Necesito de verdad mis momentos a solas”, confiesa. “Por eso me gusta tanto correr. Salgo durante una hora, sin música, solo silencio. Ese tipo de tiempo hay que reservarlo: no aparece por sí solo”.

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Hao Zeng

Dormir importa, pero sin obsesionarse

Confieso que esperaba encontrar en la rutina de Christy Turlington un horario de sueño casi militar. El mío lo es, y mantenerlo a rajatabla, todo hay que decirlo, a veces me genera más estrés del que quita. Ella, en cambio, se lo toma con mucha más calma. “Puedo lidiar con una mala noche de vez en cuando”, comenta con naturalidad. “Lo que no llevo bien son muchas seguidas, pero una o dos no pasa nada”. Cuando le pregunto cómo consigue relajarse tanto con el tema del descanso, su respuesta es sencilla: la clave está en ser constante el resto del tiempo. No en la rigidez, sino en el hábito.

Todo con moderación, incluso la propia disciplina

Cada vez que intento sacarle algo innegociable de su rutina, Turlington me devuelve a tierra con una serenidad casi maternal. La inflexibilidad deja claro, no va con ella. “Puedo salirme de un estilo de vida purista porque mi cuerpo está sano y sé volver enseguida”, explica. “Soy muy de ‘donde fueres, haz lo que vieres’. Eso me da energía y alimenta el alma, más que pensar: ‘tengo que irme a dormir ya’”. Su filosofía es clara: “Encuentro el equilibrio cuando me permito desequilibrarme… y luego regreso al centro”.

Una idea muy en la línea de la llamada Midline Theory, que propone centrarse en lo que hacemos la mayor parte del tiempo y no en las excepciones. En el fondo, la fórmula de Turlington no va de perfección, sino de constancia. Y quizá ahí esté el verdadero secreto.

Este artículo se publicó originalmente en Vogue.co.uk

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