Uno de los hitos culturales más anticipados de 2026 está apunto de tener lugar. Esto es, cómo no, el estreno de la versión cinematográfica de Cumbres Borrascosas a manos de la directora de A Promising Young Woman, la también actriz Emerald Fennell. El hype por esta nueva adaptación del clásico de Emily Brontë existe desde que se desveló el reparto principal: Margot Robbie en el papel de Catherine Earnshaw y Jacob Elordi en el de Heathcliff. Una decisión de casting que conlleva ciertas licencias respecto a la historia orginal, y que ya revela que no es la preocupación de Fennel la de ajustarse a la fidelidad de los detalles. Las primeras imágenes del rodaje cristalizaron esa intuición, con el maravilloso vestuario que Jacqueline Durran ha creado para la película, confirmando que en el corazón de esta adaptación palpita un vestigio onírico libre de las Cumbres Borrascosas de Brontë, más que la pretensión de realizar una cinta de época correctamente enclavada en su momento histórico. La propia Fennel ha confesado que la adaptación remite a la memoria de su experiencia adolescente leyendo la novela. En muchos casos, y para muchos de los lectores que a lo largo de más de cien años se han fascinado con ella, Cumbres Borrascosas es más aquello que les hizo sentir, que la propia narración.
¿Y cómo es leer esta novela en 2026? Cumbres Borrascosas nunca ha sido una novela fácil de leer. Ya en 1847, cuando vio la luz junto a otras dos novelas de Charlotte y Anne Brontë, se atragantó para la crítica y el público de su época. Fue una obra incomprenida, que colisionó con la sociedad victoriana por inmoral, que impresionó por su dosis de violencia e incluso desorientó a los lectores por su estructura temporal no lineal. Pero en 2026, y pese a todo el camino recorrido y nuestro bagaje como lectoras explorando personajes llenos de claroscuros, llama la atención cómo Cumbres Borrascosas supone aún un reto para muchos lectores.
Como termómetro para comprender el conflicto interior que Cumbres Borrascosas desata todavía, sólo hay que asomarse a GoodReads, la plataforma de reseñas de Amazon que aglutina la mayor comunidad de lectores. En esta red social, el título mantiene una puntuación de 3,9 sobre 5, inferior a la de Jane Eyre u Orgullo y prejuicio, y las reseñas están llenas de sensaciones encontradas y expectativas decepcionadas. Pero esto es sólo un pequeño reflejo en el siempre cuantitativo marco de las redes sociales mainstream, no cabe duda de que el impacto de la única novela acabada de Emily Brönte es indiscutible en el mundo del arte. Además de ser un título emblemático de la lengua inglesa, es la más icónica de las novelas del Romanticismo, un movimiento artístico que despierta el interés del gusto actual. Existe un renovado apetito por estas historias llamadas coloquialmente de tacitas. Tal vez el contexto sociopolítico actual lo aviva. Los paisajes fríos y escarpados de Yorkshire, la incertidumbre y el aislamiento de personajes que se rebelan contra su destino conectan de una manera inédita con aquello que perseguimos como lectoras hoy, y una curiosidad genuina lleva a nuevos lectores a orillar en Cumbres Borrascosas. Un viaje que no todos consiguen completar, o acabar con una buena sensación.
Un amor tóxico y problemático
En Cumbres Borrascosas, un Heathcliff violento planea una enrevesada venganza que abarca varias generaciones. El personaje, que sufre la segregación racial y de clase, da cuenta numerosas veces de una crueldad sin límites. ¿Cómo puede Catherine Earnshaw amarle? El romance tóxico explica que una sociedad como la nuestra, que ha realizado un esfuerzo en educar sus afectos hacia un terreno respetuoso, sano y feminista, se atragante con un héroe como él. Mar García Puig es autora de libros como La historia de los vertebrados y Esta cosa de tinieblas, que reflejan su interés por la producción de arte del Romanticismo, las atmósferas góticas y los personajes femeninos que los habitan. Le preguntamos sobre aquello que repele y a la vez atrae a los lectores de hoy hacia esas Cumbres Borrascosas. “Yo creo que las dos cosas se explican a sí mismas”, cuenta a Vogue España. “Lo que nos fascina es lo mismo que nos choca: esa exaltación del amor romántico en el sentido histórico, y de cómo se construye.”
Señala García Puig que, a pesar del aprendizaje afectivo de los últimos tiempos sobre cómo poner límites e identificar comportamientos tóxicos, “existe un deseo por esa pasión desenfrenada, por enamorarse perdidamente. Nos siguen fascinando las grandes historias de amor, que tienen esos componentes. Creo que en esas relaciones un poco más asépticas que hemos querido construir para huir del sufrimiento y de los abusos del amor, —que existen y hay que ponerlos sobre la mesa e intentar evitarlos—, a lo mejor hemos descuidado que hay algo en nosotras que busca esa locura de amor. Algo que habla mucho de cómo hemos sido construidas como mujeres.”

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