Cuidado capilar: la nueva obsesión beauty
“Me encantaría besarte, pero me acabo de lavar el pelo”, dijo Madge Norwood (Bette Davis) a Marvin Blake (Richard Barthelmess) en el filme de 1932 Esclavos de la tierra (en inglés, The Cabin in the Cotton). Hoy, la ironía de la actriz cobra más sentido que nunca: el estado de nuestra melena se ha convertido en una de las principales prioridades estéticas y las estadísticas lo confirman. Según el centro de investigación e innovación Aitex, el 82,1 % de los europeos considera que los productos para el cuidado del cabello son importantes o muy importantes en su vida diaria. El 60 %, que usarlos mejora su autoestima y estado de ánimo. En otras palabras: el cuidado del cabello se ha transformado en un auténtico ritual que va mucho más allá de lavar y peinar.
Skinificación: cuando el skincare da el salto al cabello
“Hemos empezado a tomarnos en serio el cuidado del cuero cabelludo y la fibra capilar. Es una excelente noticia, siempre y cuando no pasemos de cuidar a saturar”, advierte Unai Calero, enfermero experto en cuidados capilares y divulgador científico, a propósito de la creciente inclinación a sumar pasos y productos a nuestra rutina. Es en este contexto donde surge lo que se conoce como skinificación; esto es, la tendencia a trasladar al cabello las atenciones y pasos propios del skincare. Una moda curiosa, especialmente si tenemos en cuenta que la querencia actual pasa por simplificar la rutina facial. La capilar, mientras tanto, se vuelve cada vez más compleja.
Volver a la base: cuero cabelludo primero
“Conceptos como este, así como los rituales previos a la ducha o los famosos ‘cócteles capilares’ –combinaciones de varios productos para conseguir un objetivo concreto: más brillo o definición, menos encrespamiento…– han llegado para quedarse, pero entendidos con cabeza. Es importante, por ejemplo, introducir los productos de uno en uno, dándonos unas semanas de margen para observar cómo responde tanto nuestra fibra capilar como nuestro cuero cabelludo. Si añadimos varios a la vez será imposible saber qué nos está funcionando y qué no”, aconseja Calero, para quien una buena rutina debe empezar siempre por lo básico, por los cimientos.
Más productos, más resultados… ¿o más confusión?
“La base es el champú, siempre elegido en función del estado y las necesidades del cuero cabelludo, que es donde viven los folículos. Si esa piel no está sana, es muy difícil que el cabello que vaya a nacer de ahí lo esté. Luego podemos completar la rutina con acondicionadores, mascarillas y/o sérums, estos sí según el estado de la fibra capilar. Además de, claro, protección térmica si se usan herramientas de calor. Cuando respetamos esta sencilla regla, el pelo responde mucho mejor”. Y a partir de ahí, el infinito: perfumes capilares de aromas inolvidables, exfoliantes de cuero cabelludo que descongestionan los poros y eliminan las células muertas de la piel, espráis de peinado antifrizz, aceites reparadores y complementos alimenticios de eficacia probada –el nutracéutico Olistic Woman, sin ir más lejos, ha demostrado en un reciente estudio clínico un incremento de 27 pelos por centímetro cuadrado a los seis meses de uso– se presentan con fórmulas cada vez más ricas e interesantes.
La regla de oro: simplificar para ser constante
Eso sí, que la complejidad de la composición no interfiera en la facilidad de mantener la constancia: cuando una rutina capilar se vuelve excesivamente enrevesada, se suele abandonar. La recomendación del experto, por tanto, es sencilla: cuando proceda, uno o dos productos prelavado escogidos con criterio y lo mismo poslavado. Entre medias, nuestros básicos. Y, si hay molestias, lo mejor es parar, simplificar y consultar con un profesional. Eso sí que nunca falla.

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