La incorporación de estos elementos, que generalmente comienza con una intención puramente estética –el estilo mid century modern se ha consolidado como una de las favoritas entre los millennials– puede acabar por crear espacios libres de tecnología, con un objetivo más ligado al bienestar. “En la mayoría de casos empieza como un gesto estético para aportar personalidad: un tocadiscos, una librería bien pensada, una lámpara que crea atmósfera. Pero cada vez más se traduce en una decisión de fondo: crear zonas menos tecnológicas, especialmente en salones y dormitorios, con una idea muy clara de descanso (por ejemplo, dormitorios sin pantallas y rutinas de desconexión por la noche)”, añade la interiorista.
Los beneficios de las casas analógicas, según una psicóloga
Aunque hablamos de la tendencia de las casas analógicas desde el punto de vista del diseño y el interiorismo, resulta inevitable abordar el impacto que estas pequeñas decisiones tienen sobre el bienestar. Brenda de la Peña menciona la mejora de la regulación del sistema nervioso, la recuperación circunstancial de los ritmos naturales del cuerpo, el fomento de una relación más consciente del tiempo o la regulación del sueño entre los beneficios de crear espacios analógicos dentro del hogar.
“Construir bibliotecas en casa nos permite retomar la costumbre de que el conocimiento y la cultura estén físicamente presentes en nuestro entorno cotidiano, mientras que sustituir dispositivos digitales por aparatos analógicos, como tocadiscos o radios tradicionales, puede ser una forma de introducir pequeños rituales diarios”, explica la psicóloga, que señala otras estrategias eficaces como panelar la televisión o utilizar otros métodos que ayuden a que las pantallas no estén siempre a la vista.


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