Cuando pensamos en Sarah Jessica Parker vestida de novia, es casi inevitable no imaginar aquel inolvidable diseño de Vivienne Westwood: un vestido voluminoso acompañado por un excéntrico tocado de pájaro azul que llevó su alter ego, Carrie Bradshaw, en Sexo en Nueva York. Sin embargo, la realidad del look nupcial de la actriz fue aún más inesperada, y, para muchos, incluso más icónica.
Para su boda con Matthew Broderick, la actriz eligió un vestido negro, rompiendo con todos los códigos tradicionales de la moda nupcial. Puede que el icónico vestido de novia negro de Sarah Jessica Parker haya dado pie a una tendencia dark dentro del universo nupcial, pero lo cierto es que nunca tuvo la intención de ser una declaración de estilo. Entonces, ¿qué llevó realmente a la actriz a apostar por un color tan inesperado?
El 19 de mayo de 1997, Sarah Jessica Parker y Matthew Broderick se dieron el “sí, quiero” de la forma más inesperada: con una boda sorpresa. La pareja sorprendió a sus cerca de 100 invitados al invitarlos bajo el pretexto de una simple fiesta. Sin embargo, al llegar al Angel Orensanz Center, en el Lower East Side de Nueva York, se encontraron con una ceremonia de boda intima, oficiada por la hermana de Broderick, y seguida por una celebración llena de números de musicales que se prolongó hasta las dos de la madrugada.
Aunque la boda fue una sorpresa para todos, lo que realmente acaparó la la atención del mundo fue la elección de Sarah Jessica Parker de llevar un vestido negro. La actriz reveló que eligió un diseño ready-to-wear de Morgane Le Fay, con escote redondo y una falda amplia de volantes, con la intención de mantener la celebración lo más discreta posible. En su mente, optar por un vestido negro, y, según contó, el primero que vio, era una forma de pasar desapercibida.

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