24/04/2026

Más yoga y menos ácido hialurónico o por qué las contracturas musculares envejecen el rostro

Más yoga y menos ácido hialurónico o por qué las contracturas musculares envejecen el rostro

Las contracturas musculares en la zona del cuello forman parte de mi día a día -mi tiempo excesivo de uso del móvil no ayuda en absoluto-; la tensión mandibular es un clásico, y los dolores de cabeza demasiado habituales. Sin embargo, no me había parado a pensar de qué manera podían afectar a la morfología del rostro y en el proceso de envejecimiento de mi piel. Pero afectan y mucho, tal y como confirma la terapeuta Celia Lucas, especialista del centro Skin Studio. “Las contracturas musculares en cuello, zona mandibular y adherencias en el cuero cabelludo no solo generan dolor, también envejecen visualmente el rostro porque alteran la circulación, la elasticidad y la posición de los tejidos. Toda la musculatura está conectada en cadenas. Músculos como el trapecio, esternocleidomastoideo y los músculos suboccipitales (en la base del cráneo) están en continuidad con los músculos faciales y con el sistema fascial (una red de tejido conectivo que envuelve todo). Cuando hay tensión crónica se produce un efecto de tracción hacia abajo sobre los tejidos faciales que puede acentuar la caída de pómulos y mejillas, marcándose más los surcos nasogenianos haciendo que nuestro rostro luzca más cansado. En el cuero cabelludo, la rigidez reduce la movilidad natural de la piel, lo que también influye en la expresión facial, especialmente en la frente y el entrecejo”, afirma. Tiene todo el sentido del mundo: piensa en esos días de vacaciones y fines de semana en los que ese tipo de tensiones suelen relajarse y el rostro parece más descansado, en parte también es por ese alivio muscular que afecta a los tejidos del rostro.

Cómo afecta la tensión a la calidad de la piel

Más allá de los efectos que tiene la ley de la gravedad en el rostro, esas contracturas afectan de otras maneras a la calidad de la piel ya que, tal y como apunta la terapeuta, “la tensión constante comprime pequeños vasos sanguíneos. Llega menos oxígeno y nutrientes a la piel. Se reduce la capacidad de regeneración celular y la piel luce apagada y con peor calidad. También se produce una alteración en el sistema linfático. Las contracturas lo ralentizan y se acumulan líquidos, lo que produce un rostro congestionado y las bolsas”, explica Lucas. Y si creíamos que el camino para una piel más tersa, repulpada e hidratada era solo cuestión de activos como el retinol y de protocolos con ácido hialurónico, conviene saber que esa tensión en cervicales y cuero cabelludo mantenida en el tiempo, “fija las expresiones faciales repetidas favoreciendo la aparición de arrugas estáticas. Y por ejemplo, fruncir el ceño o apretar la mandíbula aceleran la formación de las temidas arrugas de expresión”, especifica la experta. Por tanto, trabajar la relajación muscular y la postura corporal mediante masajes específicos y clases de yoga y pilates que favorecen el estiramiento de nuestras cadenas musculares, es otra manera de acercarse a ese envejecimiento saludable.

Ver fuente