El perfume de té que se usaba para perfumar las sábanas en hoteles de lujo: Thé Vert, de Bvlgari
Diría que hay pocas historias sobre la vida y gloria de un perfume tan apasionantes como la del mítico Eau Parfumée au Thé Vert de Bvlgari. Y no lo digo solo porque sea uno de los aromas más icónicos de la historia de la perfumería reciente. Tampoco porque sea bestseller mundial: según un artículo de The New York Times, en los 90, un alto cargo de Bvlgari llamó al perfumista creador de este clásico, Jean-Claude Ellena, para decirle que en la tienda de Nueva York se estaban vendiendo 10 frascos al día (por 350 dólares de aquella época). Lo digo, sobre todo, por todas las anécdotas que atesora desde sus inicios. Tal y como nos cuenta Elena del Valle, autora de La vendedora de perfumes y formadora de Bvlgari, su inicios se remontan a 1992, cuando la firma de joyería italiana buscaba regalar a sus clientes más fieles (lo que implica que eran multimillonarios, claro), un obsequio especial. Si regalar no siempre es fácil, cuando el destinatario tiene la posibilidad de comprar prácticamente todo lo que desee –recordemos que eran clientes que se gastaban millones en joyas–, el reto es aún mayor. Pero la firma supo acertar y poner el ojo precisamente en algo que escasea entre todo el mundo: el tiempo. Quiso homenajear a ese bien preciado recreando en un aroma la lentitud que implican las ceremonias japonesas del té (que pueden durar horas). Y fue entonces cuando nació la icónica fragancia de té verde que, además, era también otro revulsivo para la perfumería de aquella época ya que transformaba también la manera de perfumarse para convertirla en un ritual de bienestar más intimista en la que la fragancia se usaba para uno mismo para calmar (y no para dejar estela y epatar a los demás).
La historia de un clásico (que cautivó a Obama)
Al principio no estuvo a la venta, era un regalo (en botellas de 350 mililitros cubiertas de tejidos orgánicos) para los clientes. Pero viendo el éxito se acabó lanzando al mercado, creando un aroma de culto que perfuma los halls y pasillos de los hoteles Bvlgari de todo el mundo. Por cierto, el crítico de perfumes Chandler Burr cuenta en su libro El perfume perfecto (Superflua) que el germen de esta fragancia fue una creación personal que Jean-Claude Ellena hizo sin encargo –“porque quería mostrar que tenía algo que decir en perfumería y no solo lo que se le encargaba”, rezan las líneas del libro– y que presentó a otras casas que lo rechazaron por ser algo “demasiado creativo”. Pero sea como fuere, la realidad es que Eau Parfumée au Thé Vert cosechó éxitos y la llegada de un hermano pequeño: Thé Blanc, una versión de té blanco que, según cuenta Elena del Valle, se ha usado para perfumar las sábanas en hoteles de lujo y que también era una de las favoritas del ex presidente de Estados Unidos, Barak Obama (que hasta llegó a regalárselo a Putin en uno de sus encuentros oficiales hace bastantes años).

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