No es fácil hacerse con uno, pero Love Story lo ha convertido en objeto de deseo y ahora ya no podemos pensar en otra cosa. Por el momento, nos habíamos fijado en básicos noventeros como un blazer negro, unos pantalones capri o unos moasines. Pero en la relación de amor tortuosa entre Carolyn Bessette y John Kennedy Jr. también había espacio para la ropa de calle; el leisurewear antes de que lo conociésemos a raíz de la pandemia y sus exigencias estéticas. En esto, los estadounidenses se nos adelantaron unas cuantas décadas e impusieron sus formas en un mundo acostumbrado a relegar al chándal al gimnasio o a los paseos con el perro los domingos (un gesto, hasta no hace tanto, leído de manera clasista).
Así que el anorak de Patagonia era lo más cool a finales del siglo pasado entre la élite neoyorquina y el coolness sigue intacto, a pesar del paso del tiempo (o quizá debido a ello). Porque llevamos temporadas en donde el gorpcore manda y ya nadie espera a hacer trekking para colocarse un forro polar o unas zapatillas para caminar por la montaña. Antes, suponía estatus porque el acceso a la prenda en cuestión implicaba haber pasado un verano en los States; ahora, supone estatus porque if you know, you know. Y permite el regodeo.
Carolyn Bessette-Kennedy con el corazón roto.Jose Perez/Bauer-Griffin


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