El regreso a Coachella no era menor para ninguna de las dos. Después de aquel Espresso que marcó un punto de inflexión en 2024, Carpenter volvía ahora como protagonista de este macroevento musical, con un show que ya se podría catalogar como el más ambicioso de su carrera. E invitar a Madonna, que comienza ahora a promocionar su nuevo álbum Confessions II (una continuación directa del largo que presentó allí mismo dos décadas atrás), no era solo un gesto espectacular, sino un puente entre ambas estrellas. De hecho, esta última apareció con la misma chaqueta de Gucci y botas que llevó en 2006, solo que actualizó el conjunto con un corsé lila. En sus propias palabras, fue un «full circle moment” en toda regla.
Madonna ya ha dejado escuchar I Feel So Free, el sencillo con el que introduce su nueva propuesta (disponible el 3 de julio), pero esta cita en pleno desierto californiano dio pie a más. Ambas confirmaron los rumores de su colaboración (aún sin título) estrenándola en directo, así como revisitaron otros clásicos como la mencionada Vogue, Like a Prayer y unos versos de Get Together a cappella.
Aparte del espectáculo en sí, Madonna también tomó la palabra. Dio un breve discurso sobre astrología, bromeó sobre la baja estatura que comparte con Sabrina y recordó el poder de la música como lenguaje universal: “La música une a la gente. Es el único lugar donde dejamos nuestras diferencias de lado”.

Más historias
Sandalias ‘jelly’: el calzado (raro) de tu infancia que llevarás en todas las bodas de 2026
Las zapatillas blancas (y ‘cut-out’) de Meghan Markle son las que quieren todas las chicas clásicas esta primavera
Olivia Rodrigo toma prestado uno de los vestidos más famosos de Jane Birkin