Piel radiante y corazón fuerte: todos los beneficios de las pipas de girasol, consumidas en Europa desde tiempos inmemoriales
Las humildes pipas de girasol de toda la vida, tostadas saladas y con cáscara, son casi un pasatiempo nacional, totalmente integrado en nuestra cultura. En Europa del Este, en países como Bulgaria, Rumanía y Ucrania, se prepara con ellas una variante del halva, el clásico pastel de semillas de sésamo. Hablamos de las pipas de girasol, que siempre han formado parte de la tradición culinaria europea. Son un superalimento de belleza, antioxidante y antiinflamatorio, que protege e hidrata la piel, genera energía rápida y aporta nutrientes vitales para nuestra salud: vitamina E y vitaminas del grupo B como el ácido pantoténico y la niacina; minerales como el magnesio, el zinc el potasio, el selenio y el hierro; y ácidos grasos esenciales como el omega 6 y el omega 9.
Qué son las pipas de girasol
Las pipas de girasol provienen de sus hermosas megaflores amarillas, que al estallar en los campos, anuncian la llegada del verano. Las llamadas pipas de girasol son en realidad los frutos secos de la planta, llamados aquenios, encerrados en una cáscara de color gris negruzco. El girasol (de nombre científico Helianthus annuus), es una planta anual, dotada de un superpoder, el heliotropismo: el de orientarse, a lo largo del día, hacia el sol, siguiendo su trayectoria (de ahí su nombre). El girasol es originario de Norteamérica, y se dice que ya se cultivaba en el año 3000 a.C. Consumidas por las tribus indígenas norteamericanas, las semillas de girasol se molían para hacer pan, mientras que el aceite derivado de su prensado se utilizaba para aliñar alimentos, pero también como cosmético para la piel y el cabello.


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