La historia de Luna Ki está escrita, hoy por hoy, indisociable de no una sino dos ediciones de Benidorm Fest, a cual más coitus interruptus. Menos se escribe sobre música en este país, y la suya es muy diversa en cuanto a géneros, y en ocasiones tan adictiva como aquel ‘Voy a morir’ con el que la conocimos.
Su nuevo álbum se llama ‘LUNA’ por razones evidentes: tras ‘CL34N‘ luce como su verdadera presentación ante el público, presentándose con un single a piano, humilde, desmaquillado, llamado ‘No soy diosa’. En él se ha quitado Autotune y capas, haciendo hincapié en que es una persona normal («quiero ser real y no una reina»). Ni menos, ni tampoco más. Ella compra «donde tú compras el pan».
Hay más piano en este álbum confesional. En ‘Contracorriente’ explica cómo se siente como persona no binarix («todos quieren que sea de una manera / si estoy contento o contenta, eso ya se verá»), mientras en el resto del disco utiliza el masculino y el femenino indistintamente. Una canción que nos permite conocerlx mejor, lo que incluye ciertas contradicciones, las inherentes a todo ser humano («Me da igual complacer a la gente» dice esta letra, sin demasiada credibilidad).
En ese afán por mostrar todo de sí, al disco le cuesta arrancar. Después de ‘No soy Diosa’ seguimos con un extraño lo-fi llamado ‘iGLú’, y no es hasta pasados 5 minutos de álbum que ‘LUNA’ se levanta con el EDM entre Katy Perry y Lady Gaga de ‘Tu Lady’ y, sobre todo, con ‘Bomba de amor’. Pasara lo que pasara con esta canción, sigue siendo un absoluto prodigio de transiciones, desde su comienzo con guitarra acústica hasta el rapeado cigarro en bemba, pasando por el saxo y obviamente por su punto salsero, que es lo que siempre hizo de ella una grabación tan contemporánea.
‘LUNA’ no ofrece después de esta gran sorpresa una canción tan poliédrica, pese a algunos intentos como ‘ANGEL’ o la misma ‘Tu lady’. Lo bueno es que le pega a casi cualquier género, con la ayuda de productores como Carlos Ares y Garabatto, y algunos le salen realmente bien. Especialmente hay que celebrar la espontaneidad punk pop de ‘Magia’ («estamos aquí, pero estamos pa’allá») y el pop-rock medio argentino de ‘Para 2’, una mezcla de guitarras, teclado y melodía queda, que solo puede llevarnos a los tiempos en que Calamaro molaba.
Luna Ki le pega con osadía y desiguales resultados a la balada (‘En la lluvia’), a la elegía (‘Abril’) y hasta al sonido Neptunes (‘Tekila’, donde la hallamos «haciendo un huevo duro que no llega ni a revuelto»). A veces no está muy claro si la artista es un feliz verso suelto o agradecería algo de dirección artística adicional, como en esa portada espacial tan «luna-lunar» que recuerda al momento más bajo de Vainica Doble.
El cierre del álbum, ‘Honey’, sí es una reconciliación con su mejor faz. Otra canción tranquila y confesional, que parte de una guitarra acústica para volar casi tan lejos como la primera Lana del Rey. «No sé si estoy vivo o muerto», asegura. Y añade: «sabes que me quiero morir, honey, y con las mismas ganas vivir». ¿Contradicciones, habéis dicho? Sí soy.

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