En El diablo viste de Prada 2, Andy Sachs (interpretada por Anne Hathaway) vuelve a Runway en un momento en que Miranda Priestly tiene que lidiar profesionalmente con el declive de las revistas tradicionales. Juntas, se reencuentran con otra antigua colega, Emily Charlton, que ahora dirige una marca de lujo con el dinero para publicidad suficiente como para asegurar la supervivencia de la revista. «Hmmm…», dijo literalmente nuestro redactor de cultura de Vogue USA, cuando se filtró el argumento por primera vez. «¿Una película sobre la escasez de dinero en los medios digitales e impresos? ¡Justo lo que necesitaba para evadirme!». En efecto, puede que la época dorada de las revistas se haya desvanecido junto con el Concorde, pero la moda, como sabemos, sigue vendiendo fantasía.
Así ha quedado patente en las alfombras rojas de la película, en las que su protagonista, nuestra querida Anne Hathaway, ha posado radiante con un minivestido de Stella McCartney en México, un vestido de Valentino con volantes en Tokio, un abrigo de piel de Balenciaga en Seúl, una bella creación de tul de Susan Fang en Shanghái y un vestido de té de Louis Vuitton en Nueva York, una gira de prensa cargada de estilo que sirvió de precalentamiento para el estreno de anoche en Londres. En una alfombra roja que atravesaba el corazón de Leicester Square, Hathaway apareció con un vestido corsé con detalles de esmóquin de Versace, peinada con una poderosa coleta alta. Fue un broche de oro para todo el trabajo de moda realizado junto a su estilista Erin Walsh en las últimas semanas, y un golpe de efecto sartorial que seguramente le sacaría una rara media sonrisa a la mismísima Miranda.
Mike Marsland


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