25/04/2026

Por qué viajar puede empeorar la dismorfia corporal (y cómo rompí el ciclo)

Cuando la cultura de las vacaciones ‘instagrameables’ dispara la dismorfia corporal, y cómo aprendí a combatirlo (con ayuda de mis amigas)

Reclinada en una tumbona, combatiendo el calor bajo una de las pérgolas blancas del balcón de Lo Scalo, en Puglia, no admiro las vistas del Adriático, sino al hombre mayor que tengo a mi derecha. Tiene unos 60 años, gafas de sol puestas y ha terminado de fumar un cigarrillo antes de degustar tranquilamente un plato de aceitunas, probando una a una y regando cada bocado salado con sorbos de su vino blanco. Tiene un aspecto vivido: está demasiado moreno, lleva unos cuantos tatuajes cuestionables y luce una barriga baja que me indica que le gusta darse sus caprichos sin mucho miramiento. Pero lo que no puedo dejar de advertir es lo libre que parece. Está tan a gusto, aparentemente ajeno a lo que ocurre a su alrededor.

Y no es solo él, sino prácticamente todo el que me rodea, casi todas personas mayores. Tienen una soltura que casi se ha extinguido entre de mis compañeros de generación millennial, y más aún en las generaciones más jóvenes. Ninguno tiene el móvil en la mano. Nadie hace fotos, ni a sí mismos ni al paisaje. Ni un palo de selfie a la vista. Y no puedo evitar pensar que tal vez esa sensación de tranquilidad provenga de estar de verdad aquí y ahora, viviendo el presente, y no un futuro ficticio en el que se imaginan a sí mismos publicando en Instagram su mejor posado vacacional y comprobando si aumentan los «me gusta».

Resulta casi cómico pensar en lo loco que se ha vuelto todo esto y lo ligado que está ahora el viaje a las imágenes. Antes la cultura era lo primero, el viajero lo segundo: ibas a un lugar para que te cambiara. Ahora parece ser al revés: el viajero es lo que importa, y la cultura es solo el telón de fondo. ¿Quién necesita el mar Adriático en el centro focal cuando tu cintura diminuta y tu culo esculpido son las estrellas del espectáculo? ¿Y qué más da si tienes que usar FaceTune para conseguir las proporciones ideales?

Pero en realidad nada de esto tiene gracia. Con todas las ventajas de haber sido millennial —una infancia libre de teléfonos móviles y redes sociales, pero una juventud marcada por el dominio de estas plataformas y el acceso simultáneo al conocimiento que han traído consigo—, la trampa de la comparación en redes parece haberse convertido en una de nuestras maldiciones; en la vida cotidiana, por supuesto, pero también en lo que respecta a los viajes. Resulta que ya no viajamos a ningún sitio, sino que viajamos dentro de una imagen de nosotros mismos.



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