Hay algo profundamente engañoso —y bastante rentable— en la idea de que en algún momento vamos a conseguir vivir sin estrés. Que, si afinamos lo suficiente nuestra rutina, si encontramos el equilibrio perfecto entre trabajo, autocuidado y ocio, o si damos con la combinación adecuada de hábitos, llegaremos a una especie de estado estable donde todo fluye y nada nos sobrepasa.
Fernando Lobato, psicólogo sanitario en Estar Contigo Terapia, lo explica de forma bastante más clara: «Hay una fantasía bastante extendida —muy vendible, por cierto— que dice que algún día, con la app adecuada, la rutina perfecta y tres podcasts motivacionales bien elegidos, alcanzaremos un estado libre de estrés. Como si la vida contemporánea fuera una especie de escape room del que se sale encontrando el truco correcto. No funciona así.
El estrés no es un error del sistema. Es, en muchos casos, el sistema funcionando.»
La clave está justo ahí. El estrés no aparece porque estés haciendo algo mal, sino porque estás funcionando dentro de un entorno que exige atención constante, decisiones continuas y una capacidad de respuesta prácticamente infinita. No es tanto una disfunción como una consecuencia lógica.
Por eso, intentar eliminarlo por completo es, en palabras del propio Lobato, «como querer secar el mar con una toalla de Decathlon»: una tarea entretenida, incluso bienintencionada, pero completamente inútil a largo plazo. Aceptar esto no implica resignación, sino ajuste de expectativas. El objetivo deja de ser vivir sin estrés y pasa a ser algo mucho más útil: reducir cuánto te atraviesa y cuánto espacio ocupa en tu día a día.
No es que no sepas gestionar tu vida: es que hay demasiado entrando todo el rato
Durante años se ha insistido en que el problema del estrés está en cómo organizamos nuestro tiempo o en nuestra incapacidad para priorizar, pero esa explicación se queda corta para entender lo que realmente está pasando.
María González, psicóloga del Grupo Centta, introduce un matiz importante: “Una de las principales fuentes de estrés hoy no es solo la carga de trabajo, sino la sensación de no llegar a todo lo que “deberíamos” vivir: planes sociales, escapadas, experiencias, bienestar, autocuidado… todo al mismo tiempo.” Es decir, el estrés contemporáneo no solo tiene que ver con lo que hacemos, sino con todo lo que sentimos que podríamos estar haciendo mejor, más, o de otra manera. A la presión laboral se suma una presión silenciosa, pero constante, por aprovechar el tiempo libre, por no quedarnos fuera de nada y por estar a la altura de una idea bastante irreal de vida plena.
Ese mecanismo conecta directamente con el FOMO (fear of missing out), ampliamente estudiado en psicología social y asociado a mayores niveles de ansiedad y menor satisfacción vital. Y no es casualidad que se haya intensificado en paralelo a la exposición constante a redes sociales, donde todo parece más interesante, más intenso y más aprovechado que lo propio.

Más historias
Parar, reconectar y cuidarse: el Hotel Four Seasons de Madrid presenta un retiro ‘wellness’ centrado en el lujo consciente
‘Cumbres borrascosas’ y otros cinco estrenos imprescindibles de mayo en ‘streaming’
¿Qué es el Vogue Career Forum y por qué todas las marcas quieren participar?