Euphoria, de Calvin Klein: la historia del que fuera el perfume más vendido en 2005
Una jovencísima Natalia Vodianova en 2005 empapela edificios de todo el mundo con la campaña que protagoniza para Euphoria, de Calvin Klein, un perfume revulsivo para los códigos de la perfumería de aquella época, que aún vivía las mieles del éxito de la denominada fase higiénica de los aromas sencillos y universales, protagonizada por el mítico CK One. Chandler Burr, el afamado crítico de perfumes de The New York Times, cuenta en su libro El perfume perfecto (Superflua) que Euphoria llegó a ser número uno de la famosa lista de los cien perfumes más vendidos, elaborada por el grupo de investigación de mercado NDP. Marcó un antes y un después en la industria: también fue elegida fragancia femenina de 2006 en los famosísimos FIFI Awards. Todo ello sucedió en parte, tal y como cuenta a esta cabecera el perfumista Carlos Benaïm –que intervino en el proceso creativo de este clásico junto a Dominique Ropion y Loc Dong– por la “sobredosis de pachuli de su fórmula. En aquella época, utilizar esta nota de forma tan destacada en una fragancia femenina era casi provocativo. Aportó su profundidad, sensualidad y su estela inconfundibles”, recuerda.
20 años después se reinventa con la saga Euphoria Elixirs
Ahora, más de 20 años después, Calvin Klein Fragancias reinterpreta este clásico con la nueva saga Euphoria Elixirs, una colección de tres perfumes más intensos (Magnetic, Bold y Solar) que ha capturado la esencia de los gustos y necesidades del mercado actual (por cierto, con Rosalía como nueva embajadora). “El espíritu sigue siendo el mismo, pero la filosofía es diferente. Ya no buscamos sorprender únicamente a través del contraste; exploramos la intensidad y la textura”, afirma el perfumista, que ha jugado con la vainilla y las notas de coco para crear Bold Elixir, logrando un resultado más cremoso, apto para los gustos actuales, sobre todo los de una generación joven que busca este tipo de aromas y que está tremendamente conectada con lo que significa este mundo. Precisamente los tres perfumes orbitan en torno a esa intensidad y a la nota de moda: la vainilla, reinterpretada de forma diferente en cada uno de ellos. Es un reflejo de “cómo han evolucionado las fragancias y el consumidor durante los últimos veinte años”, según Benaïm.
Cómo ha cambiado el consumir en estas últimas dos décadas
Porque efectivamente ha cambiado mucho en estas dos décadas: “Antes las fragancias eran fáciles de entender y reconocibles al instante. Si bien ese reconocimiento inmediato sigue siendo importante hoy en día, ahora depende de una mayor intensidad y emoción para crear una conexión más profunda. Los consumidores quieren fragancias que evolucionen en la piel, que se sientan envolventes y lujosas. También están mucho más informados: quieren saber sobre los ingredientes, los orígenes y la sostenibilidad”, reflexiona Benaïm, uno de los narices más prestigiosos del sector. Un sector que vive su particular momento de dorado –España, según datos recientes de STANPA (Asocación Nacional de Perfumería y Cosmética), ya exporta más perfumes y cosméticos que vino y aceite juntos– y que para el perfumista tiene una conexión directa con la era virtual y la necesidad de conectar y generar emociones. “Las fragancias están experimentando un renacimiento. En un mundo digital, el olor sigue siendo profundamente humano, se conecta directamente con la memoria, las emociones y la intimidad. La gente está redescubriendo los perfumes como una forma de autoexpresión y cuidado personal. Están dispuestos a invertir en calidad y creatividad. Para los perfumistas, este es un momento increíblemente emocionante porque el consumidor es abierto, curioso y receptivo a ideas audaces”, concluye.


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