A esto se suma algo más sutil. Crece la impresión de que la relación puede dañarse si expresas disconformidad o si no cedes. Y ahí el impacto empieza a extenderse más allá de la pareja. La propia experta advierte que, en ese punto, es habitual que la persona se aísle, pierda espontaneidad, deje de hacer ciertas actividades o se muestre más insegura incluso en entornos donde antes se sentía cómoda.
Por qué entramos en esta dinámica y cómo romperla
Para Violeta Acedo no es tan sencillo como dividirlo en “lo hace a propósito” o “no se da cuenta”. En muchos casos, la persona no está pensando activamente en manipular, sino que ha aprendido una forma de relacionarse en la que, ante el conflicto, se defiende devolviendo la responsabilidad al otro. “Es lo que en psicología entendemos como comunicación defensiva; en lugar de sostener lo que el otro siente, reacciona protegiéndose, aunque eso implique invalidar o girar la situación”. Ahora bien, advierte que el que no siempre sea consciente no lo hace menos dañino. “Nadie entra en este tipo de dinámicas de forma consciente. Lo que suele haber detrás es una combinación de cómo hemos aprendido a relacionarnos y de lo que necesitamos emocionalmente en ese momento”, detalla.
Acedo explica que las personas con alta empatía o tendencia a cuidar al otro, suelen adaptarse más rápido a estas situaciones. No porque sean más débiles, sino porque priorizan el vínculo, incluso cuando eso implica ceder espacio propio. A esto se suma lo aprendido. “Si has crecido en entornos donde expresar emociones generaba incomodidad, conflicto o distancia, es más probable que hayas interiorizado que es mejor suavizar, callar o incluso pedir perdón antes que expresar lo que sientes”.
Por su parte, Claudia Nicolasa añade que, además, hay momentos en los que nuestras defensas psicológicas bajan y nos volvemos más permeables, como en situaciones de duelo, cambio, pérdida o soledad. “En mi libro hablo de la ‘víctima perfecta’, que suelen ser personas con dificultad para decir no, miedo al conflicto, necesidad de aprobación, miedo a la soledad, tendencia a justificar mucho al otro, impulsividad o desconexión de sus propias emociones”. La expsicóloga señala que hay un perfil especialmente vulnerable, aunque suene paradójico. “Quien cree que a él no pueden manipularle. La falsa sensación de inmunidad baja muchísimo el radar”.

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