De manera extraña, el equipo de prensa de Meghan Trainor afirma que ‘Toy with Me’ es “su trabajo más honesto y valiente hasta la fecha”. Solo entendiendo el concepto del álbum como un reconocimiento de Trainor de sí misma como producto pop empaquetado para el consumo masivo -como sugiere la imagen de la portada, donde aparece representada como una especie de Barbie expuesta en una vitrina- podría entenderse ‘Toy with Me’ como un trabajo honesto, por no hablar ya del “más sincero” de todos.
Superado lo extraño de la declaración, ‘Toy with Me’ ofrece dos tazas de lo que Meghan Trainor ha venido haciendo desde el principio de su carrera, para bien y para mal, siendo ya su sexto álbum de estudio y el séptimo que titula con una palabra que empieza por T, en homenaje al apellido de su familia.
Aquellos que tengan tirria al doo-wop plasticoso de Meghan Trainor pueden dejar de leer la crítica aquí. A los que nos gustan sus melodías, su pegadizo timbre nasal y, en general, su singular propuesta retro neutralizada, encontraremos en ‘Toy with Me’ unos cuantos keepers y también un puñado de cortes olvidables. Entre los primeros, ‘Get It Girl’ es el que mejor equilibra sensibilidad retro y comercialidad, mezclando trompetas, una deliciosa melodía de girl group y la rima “Shoo-wop, shoo-be-doo / He ain’t no good for you”, dirigida a quienes se dan cuenta de que “merecen algo mejor”.
Entre los cortes retro destacan también el híbrido disco de ‘Chef’s Kiss’, que desea una serie de desgracias a una persona, como “un poquito de iceberg en tu viaje en barco”; el simpático rock ’n’ roll bubblegum de ‘Pink Cadillac’ y ‘Rich Man’, que une una explosiva instrumentación llena de palmas, vientos y gritos con una, por otro lado, predecible alusión a la famosa declaración feminista de Cher.
Hay muchas otras cosas predecibles en ‘Toy with Me’, como las referencias ochenteras de ‘Potential’ (a lo Olivia Newton-John) o ‘Princess’, un disco-funk en la onda de Cyndi Lauper que habla sobre alguien que pone buena cara pero en realidad está “rota por dentro”. No es suficiente para que consideremos este un disco tan personal, sobre todo cuando las composiciones -retro, ochenteras o de otro tipo- siguen trazando líneas seguras, sin arriesgar en absoluto.
La sucesión de temas a partir de la nana ‘Little One’, que tiene el mal gusto de samplear a un bebé (Christina Aguilera, cuánto daño has hecho), es especialmente ardua, y cortes como ‘Man’s Tears’ o ‘Delulu’ insisten en la fórmula doo-wop mil veces probada de Meghan Trainor sin ofrecer ideas interesantes, letras sorprendentes ni salirse lo más mínimo del esquema dibujado en el álbum. Son pura repetición de una fórmula ya conocida, con el único objetivo de sumar pistas a un disco que alcanza las 16 canciones, como el anterior.
Al final destacan los temas que sí se atreven a sorprender un poco, como ‘Hush’, que logra ser algo más que una copia de ‘No’ al virar hacia el nu-disco, o el single ‘Still Don’t Care’, que deja completamente de lado el doo-wop para adelantar el reloj a los años 80 en un buen tema de stadium rock ochentero, pero que no renuncia al sabor a fresa que empapa todo el disco. Al menos hay cierta coherencia estética en ‘Toy with Me’, aunque la secuencia tenga altibajos.

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