13/05/2026

MUNA / Dancing on the Wall – jenesaispop.com

Decía Wilhelm Reich que «la organización de la energía sexual es la base de la reacción política». El concepto de líbido politizado ha sido ampliamente explorado en filosofía, cine y también en la música, especialmente en el post-punk. La conexión con el disco de MUNA es directa: ‘Dancing on the Wall’ es un disco post-punk en espíritu, donde el trío formado por Katie Gavin, Josette Maskin y Naomi McPherson -esta última productora- explora precisamente el citado tema, desde diversos lugares.

Aunque el estilo de las canciones de ‘Dancing on the Wall’ siga aferrado a la herencia new-wave de sus primeros discos, es evidente desde el segundo cero que el tono se ha oscurecido. Empezando por la tensa pista de inicio, ‘It Gets So Hot’, que dibuja la imagen de un calor tórrido abrasando la dura acera. Si ‘Dancing on the Wall’ es un disco de verano, explica Katie Gavin, es solo porque «estamos en el verano más caliente de la historia, por culpa del cambio climático».

El solape entre deseo sexual y preocupación política vertebra ‘Dancing on the Wall’ y produce una obra donde el deseo es implícitamente político. MUNA, que por su condición de banda queer ha sido politizada en entrevistas y críticas, nunca han eludido la política en su propia música -‘Loudspeaker’ es uno de sus primeros singles- y la clave de ‘Dancing on the Wall’ es que toma la típica afirmación «lo personal es político» y la demuestra sin sermonear ni aleccionar.

Precisamente el primer adelanto ‘Dancing on the Wall’ es personal y autobiográfico en su descripción de la tendencia a enredarnos en relaciones que nos hacen daño, mientras la energía y adictiva melodía construye un single perfecto. En un estilo de synth-pop contundente, ‘Eastside Girls’ le da la vuelta a la letra de ‘We Didn’t Start the Fire’ de Billy Joel llevándola a la fluidez de género, el lesbianismo y la transexualidad, imaginando un pasado más tolerante incluso que el presente.

Las historias de ‘Dancing on the Wall’ convencen gracias a su concreción y nunca resultan estereotipadas, ni siquiera cuando ‘So What’, el aclamado segundo single, analiza el vacío que produce asistir a una fiesta de Hollywood donde todo es pose y artificio, o cuando ‘Wannabeher’ habla del clásico dilema «la quiero o quiero ser ella», fusilando ‘Rebel Girl’ de Bikini Kill, como ellas han reconocido.

Aunque a veces la complejidad de los temas tratados no da lugar a otros igualmente complejos o interesantes, como ‘On Call’, que suena a la faceta menos memorable de Bleachers, o la redundante ‘Girl’s Girl’, ‘Dancing on the Wall’ sale reforzado gracias a su línea más política.

Esta queda explicitada sobre todo en dos pistas: la propulsiva ‘Big Stick’ critica el imperialismo americano, la censura y la guerra a través de la imagen del «Gran Hermano», y ‘Buzzkiller’ cierra el álbum bajando revoluciones y, en forma de balada atmosférica, deja bien atadas las dos caras del disco, describiendo una inseguridad amorosa («no soy fácil de amar») en medio de pasajes que describen la buena forma de la propia banda, y la asistencia a una manifestación que ha dejado a Katie «aún sin esperanza».

‘Dancing on the Wall’ no es un disco «aguafiestas»; de hecho, en momentos como la citada ‘Wannabeher’ o esa ‘Mary Jane’ que evoca a Kylie Minogue, de repente, resulta bastante divertido. Simplemente quizá no es sostenible mantener la esperanza en un mundo donde la extrema derecha acapara el poder, las personas queer ven recortados sus derechos, y los ídolos de tu vida colapsan en tus narices como piezas de ajedrez. Por eso ‘Dancing on the Wall’ es post-punk en el fondo, ya que hace convivir la conciencia política con la firme voluntad de seguir bailando… y deseando.

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