Puede que lo que vertebra Send Help, la última película de Sam Reimi, sea la pesadilla definitiva para muchos. A saber: una empleada de una multinacional canónica sufre un accidente de aviación y acaba haciendo todo lo posible por sobrevivir en una isla desierta en el golfo de Tailandia junto a un jefe tóxico. Un jefe tóxico, un entorno laboral tóxico y una empleada, por qué no decirlo, algo tóxica que viven una inversión de los papeles según ponen un pie en ese enclave paradisíaco. Y una pizca de nadie es lo que parece, las apariencias engañan y quien menos te lo esperas puede ser tu pasaporte a la supervivencia, eso también se da aquí.
La historia de Linda Liddle, pues así se llama la protagonista, es la de una mujer algo desastre, que no encaja en los cánones de esos jefes tirando a machistillas que se creen con el poder absoluto a pesar de ser infinitamente menos capaces que sus subalternos. Un director déspota de una compañía multinacional que premia a sus colegas mientras menosprecia a Liddle. Es Dylan O’Brien el que encarna a ese director y Rachel McAdams la que se encarga del papel de una mujer que resulta ser una caja de sorpresas.
Brook Rushton


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