En ese bucle me encontraba cuando una manicurista me reveló el truco definitivo: cambiar de forma. “Lo mejor es empezar con las uñas cuadradas y después, cuando el largo supere el final del propio dedo, comenzar a darle una ligera forma redondeada”, me dijo. Supuestamente, esta forma, igual que las uñas almendradas y ‘stilettos’, evitaría que las uñas se enganchasen por las esquinas como solía ocurrirme. «Redondas, por la propia aerodinámica, serán más seguras desde el punto de vista arquitectónico de la uña”, matizó.
Lo cierto es que me había casi convencido cuando, como por obra del destino, un story de Kylie Jenner apareció en mi muro de Instagram. La celebrity, que para sorpresa de todos también había sucumbido a la tendencia de las uñas cortas a principios de año, había vuelto a su ‘largo manicuril’ característico, si se me permite la expresión. En el clip que había subido a sus redes se la veía enfundada en lo que parecía un mono negro de corte capri, que hacía destacar aún más si cabe su Birkin burdeos de piel de cocodrilo y, más importante aún, su manicura francesa maximalista, almendrada y extra larga.
@kyliejenner


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