La arquitectura del corte se basa en un sinfín de capas desconectadas: en la zona superior, estas son mucho más cortas para generar volumen, mientras que hacia los medios y puntas, el cabello se aligera con un desfilado que quita peso y aporta movimiento de manera natural. El flequillo, por su parte, deja de ser un bloque compacto para convertirse en una versión irregular, con puntas suavizadas que enmarcan el rostro y, de paso, suavizan las facciones.
Su acabado effortless es, de hecho, lo que marca aquí la diferencia. Este estilo está pensado para potenciar la textura natural del cabello (en este caso, ondas suaves), sin buscar la perfección, sino un efecto ligeramente desordenado y fácil de llevar. Como resumía en pocas palabras la peluquera Nata Bumford en este artículo: “El wolf cut combina lo mejor del shag y el mullet para dar vida a un look híbrido, tan moderno como cómodo”.
Pascal Le Segretain/Getty Images
Samir Hussein
Y yéndonos al apartado del peinado, un spray texturizante (incluso uno que contenga una fórmula específica para un acabado más surfero) o una espuma ligera que defina los rizos serán tus mejores aliados para añadir un extra de movimiento (además de un secador de pelo con difusor, claro). ¿Y lo mejor? Se trata de una opción especialmente cómoda y favorecedora si tu cabello es de esos a los que enseguida les sale una onda natural. Ve apuntándote esta idea, porque quizás tu verano con un wolf cut largo como el de Cara Delevingne esté a punto de comenzar.



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