Se suele describir una canción con la etiqueta de “declaración de intenciones”, pero quizá pocas veces se ha ajustado tanto esa definición al contenido de un tema como en el que presentan Cariño hoy como avance de su próximo disco, que ya está grabado aunque aún no ha sido anunciado.
‘Odio la música’ es un manifiesto en el que Cariño exponen públicamente el agotamiento que la música les ha generado en los últimos años, unos años que no han sido fáciles en lo profesional, viéndose obligadas a promocionarse en redes, a tocar sin parar y, finalmente, a afrontar la marcha de una de sus integrantes originales, María, que en redes sociales negó que su salida hubiera sido una decisión completamente propia.
‘Odio la música’ refleja un momento de hastío temporal, no definitivo, pero sí muy real y, con toda su ironía y contradicciones, resulta profundamente humano. Además, el sonido apunta a una evolución. Hablamos con Alicia y Paola sobre ‘Odio la música’, la industria musical, el proceso creativo y qué podemos esperar de su próximo trabajo.
El mensaje de ‘Odio la música’ no tiene tanto misterio, aunque sí tiene capas por la ironía, las contradicciones de «amo mi trabajo, odio mi trabajo», «odio la música», pero escribo una canción sobre ello, que además es bastante pop… ¿Hacia dónde va la crítica de la canción exactamente?
Alicia: El odio a la música viene de muchas aristas. Trabajar de lo que te apasiona implica que en muchas ocasiones tengas que odiar tu trabajo y tu pasión, porque la industria hace que hiperproduzcas y pases por sitios por los que no pasarías si no te dedicaras a esto. Pero es un odio que viene desde el privilegio absoluto. Estamos encantadas de dedicarnos a esto, pero eso no quita que la industria tenga cosas muy negativas para el trabajador.
¿Cómo cuáles?
Alicia: La canción critica la idea de hiperproductividad: me tengo que obligar a escribir canciones, a sentir y recordar episodios emocionales. Creo que el trabajo artístico no debería supeditarse a tiempos industriales, sino a lo que te salga de dentro.
Paola: Viene también de tener que pasar por el aro con dinámicas que para mí no son correctas. Hace un año vimos cómo todos los artistas decían que no querían TikToks, pero tenemos que hacerlos para promocionarnos. O ver artistas que hacen colaboraciones con no sé qué marcas. La música la hemos amado desde pequeñas y, de repente, te das cuenta de que diferentes factores externos te producen ansiedad y malestar.
¿Cómo reconciliáis trabajar en una discográfica, la empresa, y la pura expresión artística?
Alicia: A nivel general, un artista independiente también tendría que trabajar con esas dinámicas: subir un reel diario, una story diaria, para que alguien llegue a escucharlo. Los canales para hacer llegar tu música a la gente están podridos; es llegar de una manera muy antinatural a lo que debería ser más natural.
Paola: Más que una respuesta absoluta a nada, la canción es una pregunta que lanzamos al aire. Sabemos que es algo contradictorio y la canción creo que empieza un diálogo que para nosotras es importante. Por muchas circunstancias hemos olvidado la parte artística de este trabajo, por lo que dice la canción. Esta canción nos hace abrazar la música y volver a quererla.
Alicia: Es la canción que nos hizo volver a conectar con todo. Cuando nos salió, el disco ya estaba grabado; fue en el último momento y nos hizo volver a conectar con todo el proceso de hacer un disco.
¿Hicisteis el disco entero con esa sensación dentro que después expresáis en ‘Odio la música’?
Alicia: No, es una canción de desahogo, pero para nada refleja el contenido general del disco. Es un momento de odio y hastío con la música, que también nos parece importante que quede representado porque también existe.
Paola: Por eso la sacamos ahora, sin anunciar disco. Es un poco stand alone porque, aunque está dentro del disco, tiene su propia historia y se cuenta sola. Representa lo que muchos artistas vivimos y es una respuesta a lo que hemos vivido en los últimos años.
¿Cómo suena el resto del disco? ¿Podéis avanzar algo?
Alicia: Es un disco con cierto peso dramático, que tiene duelo. Más que maduro, es más orgánico y sincero. Hemos intentado que sea muy sincero, no tratar demasiado los sonidos, que salgan como salieron en la grabación. Intentar ser lo más honestas posible porque es lo que le pedimos nosotras a la música: honestidad y naturalidad. El sonido no es tan oscuro como ‘Odio la música’, pero nos parecía un buen inicio sacar una canción que más que una afirmación es una pregunta: ¿estamos de acuerdo en que la música sea esto?
Paola: Durante el proceso como banda siempre hemos intentado mejorar, que las grabaciones mejoren, tomas perfectas, mucha edición, autotune… Y con este disco lo que hemos querido es abrazar el fallo, comprender que la música está hecha por nosotras y que no vamos a pretender ser una IA. Queremos huir de la perfección y que la música, aunque tenga fallos, tenga alma. Todo el disco ha sido jugar al error, tocar y tocar hasta que algo nos hiciera clic para grabarlo.
María se fue de Cariño. Ella decía que no fue una decisión del todo personal suya. Sin intención de entrar demasiado, entiendo que esa experiencia ha influido en parte en la creación de esta canción.
Paola: El odio a la música ya venía de antes. Estábamos todas al límite de encontrarnos muy incómodas con la banda. Lo que esta canción nos ha aportado es una paz de decir: pase lo que pase, la música es nuestra. Respecto a lo de María, hay cosas de las que solamente ella puede hablar. Nosotras dimos una explicación a nuestros seguidores, que es lo que creíamos que debíamos hacer, y por esa parte está explicado.
Sí habéis anunciado que habéis hecho un disco. Habéis estado en Abbey Road, ¿verdad? Habéis trabajado con Pete Robertson, que ha trabajado con Beabadoobee, Hinds y otra gente. ¿Cómo ha sido trabajar con él? ¿Qué ha aportado al sonido o la narrativa del disco?
Alicia: En diciembre fuimos a Abbey Road a hacer una prueba con Pete porque no sabíamos si le iba a gustar el proyecto o si íbamos a encajar creativamente. Fuimos a probar un par de días y justo escribimos ‘Odio la música’ y otra canción. Con ‘Odio la música’ supimos que teníamos que trabajar con él porque consiguió dar la sensación que estábamos buscando: una especie de oscuridad, pero a la vez un sonido superpop. Ahí nos convencimos de que Pete tenía que ser el productor del disco.
«Los canales para hacer llegar tu música a la gente están podridos; es llegar de una manera muy antinatural»
Me llama la atención cómo se repite el estribillo al final, como si fuera un mantra. Me recuerda a esos estribillos infinitos de los 2000 que al final te dejan hipnotizado. ¿Fue idea vuestra esta intención tipo mantra o hipnótica?
Alicia: Justo ahí Pete aportó mucho. Al principio no nos convencía porque se nos hacía pesado, pero fue totalmente un acierto. Pete es súper espiritual, una especie de gurú del pop. Conectas con él desde un punto muy espiritual y lo convirtió en un mantra. Te ayuda a conectar porque puedes escribir una canción en tu casa, pero llegas al estudio y la parte técnica te hace desconectar. Él te hace estar conectada con la canción todo el tiempo, al grabar los instrumentos o la voz. Esta canción parecía más tonta, aunque tuviera un mensaje potente, y gracias a ese trabajo de permanecer conectadas con el concepto consiguió darle la sensación que queríamos transmitir.
Paola: Íbamos a Abbey Road con los brazos abiertos, sin saber muy bien qué iba a pasar. Pete nos drenó emocionalmente y nos guió. Entendía perfectamente lo que estaba en la cabeza de cada una. La energía era espiritual; pasó una magia, algo raro. Empezamos a estar muy conectadas. Todo fluía muy rápido y fácil.
Alicia: Es un brujo.
¿Este desgaste profesional lo percibís en la industria a vuestro alrededor? ¿Artistas, profesionales…? ¿Esperáis que la canción se entienda?
Alicia: No necesariamente artistas; todos los trabajadores de la industria. Periodistas musicales imagino que también. Cualquier persona que se relacione laboralmente con la música llega a un punto de hastío. Sientes que todo se desvirtúa. Este disco nos ha salvado de odiar la música de verdad. Paola y yo estábamos muy desconectadas. No escuchábamos casi música, no me interesaba nada.
Paola: Yo quería trabajar en una oficina, imagínate. Quería tirar mis auriculares a la basura y bajarme de todas las suscripciones. Pero es imposible: hay una obligación a escuchar, también en TikTok o Instagram. Te das cuenta de que la música, tal y como la entendemos, se ha convertido en puro contenido.
¿Cuáles son vuestros escapes de la música?
Alicia: Tenemos nuestros hobbies. Yo intento irme al campo todo lo que puedo. Me encanta la imagen, escribir historias sin tener ruido alrededor. Con las canciones también cuentas historias, pero contar historias sin música me interesa y es algo que practico.
Paola: A mí me salvó el ambient. Hace un año y medio solo podía escuchar eso porque era lo único que me entraba. Yo quiero hacerte una pregunta: siempre he visto a mi padre escuchando las mismas canciones. Tenía su pendrive con canciones de cuando era joven, como Spandau Ballet. No entendía cómo podía escuchar siempre lo mismo y me preguntaba si yo llegaré a un punto en el que me deje de emocionar escuchar música nueva y solo pueda escuchar la música que me conecta. Tú escuchas mucha música: ¿descubres canciones ahora que te hacen sentir como cuando descubrías música de joven o sigues atado a Sum 41?
Eso sería imposible porque escucho tanta música… Pero sí he tenido experiencias de conectar con discos recientes que me han hecho sentir como cuando era adolescente descubriendo música por primera vez. Por ejemplo, el disco de Ethel Cain, ‘Preacher’s Daughter‘, me llegó muy adentro. Sí es posible conectar así con música nueva, pero creo que hay que exponerse, perder prejuicios y no caer en la nostalgia de «antes era mejor». Si te gusta la música, descubrir música nueva es casi una necesidad, porque la sensación de descubrir algo nuevo es muy gratificante.
Alicia: Con este disco queríamos descubrir nueva música pero, a la vez, hacer algo que sonase a 2000-2010. Hemos hecho mucha investigación musical, pero sobre todo de música antigua, aunque fuera música nueva para nuestros oídos.
¿Qué música?
Alicia: Todo el indie de 2010. Hilary Duff, de repente, ha influido un montón. En 2010 recuerdo estar completamente apasionada por la música, así que ha sido natural buscar las referencias ahí.
Paola: La primera referencia fue Hilary Duff, aunque no para esta canción. Creo que los mejores discos se hacen respondiendo a esa niña interna que tienes dentro.
¿Os sentís desconectadas de la música justo cuando os dedicáis a ella?
Paola: Inevitablemente sí. Por eso te hacía esa pregunta: no sé si tengo yo un problema o es normal. Creo que tiene que ver con el cansancio mental y creativo de la industria. Yo, al haber pasado tantos años alejada, he redescubierto que en realidad amo la música.
«Somos conscientes de que se nos puede juzgar por quejarnos desde el privilegio, pero cualquier intención artística va a provocar una agitación»
¿Os habéis saturado demasiado haciendo demasiados conciertos o lo habéis conseguido equilibrar?
Alicia: En Cariño no hemos sabido autocontrolarnos en el aspecto de los directos, pero a la vez esta es gran parte del problema de la industria: un artista, a día de hoy, solo puede vivir de los conciertos que da. Si nos queríamos dedicar a esto, teníamos que estar tocando todo el rato. No nos hemos dado el lujo de parar porque tampoco existe otra opción. Era tocar o buscar otro trabajo y que la música fuese un hobby. Pero ya que hemos conseguido dedicarnos a la música, que es un sueño sin duda, solo nos podíamos mantener tocando sin parar. Si tocas cada fin de semana en un pueblo de España, al final pasa factura.
¿Este disco pensáis girarlo de una manera más equilibrada?
Alicia: Ahora llevamos tiempo sin tocar y nos apetece volver a la rueda extremadamente. Ya nos tragaremos nuestras palabras.
Lo identificable de esta canción es que no intenta dar un mensaje súper rotundo, juega con la contradicción, y así es la realidad.
Paola: Somos conscientes de que se nos puede juzgar por quejarnos desde el privilegio, pero cualquier intención artística va a provocar una agitación.
Alicia: Yo me siento súper agradecida, pero eso no quita que haya momentos en los que fantasee con sacarme un curso de jardinería y dejar todo atrás.
Tiene que haber un margen para que os podáis quejar.
Paola: Y también está la intención de desmitificar al artista. A la industria no le interesa que el artista baje y cuente las realidades de la industria.

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