El caso de Lorea Carballo es particular. Estudia una carrera universitaria de lo más exigente al tiempo que compagina sus exámenes con la promoción del largometraje. “A mí me gusta mucho la Medicina, pero me salió lo de meterme en el mundo de la interpretación y, al final, una película como esta es algo que sabes que no se va a repetir”, reconoce con inusitada madurez. “Estudiar se puede retomar cuando quieras. Voy un poco por rachas. Ahora me he decidido por esto y la realidad es que me gusta mucho. No sé qué pasará en un futuro”.
Para Sofía de Iznájar, este papel supone un antes y un después en una carrera que se alarga ya un par de años ante las cámaras, pero que no nació en el mundo del audiovisual. “Vengo del teatro y a mí me resulta más difícil el cine”, cuenta con total honestidad. “Este proyecto lo he afrontado con mucha ilusión. Al inicio, eso sí, con muchísimos nervios. Intenté trabajar la exigencia. Llegaba a casa, me tumbaba en la cama y decía ‘Sofía, está todo genial’”, rememora. “A veces soy muy negada a abrirme a la gente, pero estoy superfeliz porque las quiero un montón y me llevo de aquí a gente maravillosa”.
La relación de todas las actrices con el fútbol se mueve en los extremos. Las hay que han jugado desde muy pequeñas a ese deporte. “Bastante. He jugado siempre al fútbol en equipos supuestamente mixtos, aunque luego era yo la única chica. He estado en fútbol sala y en fútbol 7 hasta los 14 años. Esos equipos eran gran parte de mi vida. Lo fui dejando y ahora he tenido que retomar y reenamorarme”, cuenta Lucadamo. “Mi padre es argentino y siempre hemos sido muy forofos en casa. Yo iba con el equipo contrario a él para crear conflicto”, reconoce divertida.
Pero también figuran en el reparto las que no se han manejado tan bien con el esférico. “Soy la que menos familiarizada estaba. En una de las pruebas nos sacaron un balón para hacer toques y dije: ‘Mira, no voy a mentir: no he tocado nunca una pelota y no sé qué es un penalti’. A día de hoy sigo sin saber lo que es”, admite Miriam Rubio entre risas y con cierta picardía. “Cuando me contaron que me habían cogido me puse contentísima, pero me dijeron que nos iban a poner a entrenar unos meses. Vi que todas eran prodigios del balón y flipé. Lo bueno es que yo ya había avisado que no sabía mucho y me vinieron muy bien los entrenamientos, le puse muchas ganas. No soy de las que más tocan el balón porque hago de portera, así que parar me sale mejor. Si te esfuerzas, te sale”, reconoce.

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