Cuando Giorgia Tordini y Gilda Ambrosio lanzaron The Attico en 2015 nadie esperaba lo que ocurrió a continuación: las italianas pasaron, de la noche a la mañana, de ser las prescriptoras de estilo del momento a las diseñadoras que todo el mundo imitaba. Su estilo, con claras reminiscencias de la cultura disco y la década de los 80, consiguió desmarcarse rápidamente de una industria que se inclinaba sin miramientos hacia el minimalismo y los tonos neutros. Lentejuelas, flecos y satenes se encargaron de hacer que nadie pudiese dejar de mirar -y de comprar- sus colecciones, cargadas de color y ganas de bailar.
Pero tras seis años a la cabeza, Tordini y Ambrosio han logrado mucho más que sentar las bases de su imaginario estético. Las diseñadoras se han reinventado a través de una colección cápsula presentada hace sólo un par de meses en la que sus piezas festivas se sustituían por estilismos mucho más urbanos y relajados y, ahora también, han decidido probar suerte con el mundo del baño.
Su primera colección de bikinis y bañadores viene, eso sí, cargada de muchas de las referencias habituales de The Attico. A saber: inspiración ochentera, colores flúor y, por supuesto, piezas inherentemente sexys pensadas para trasladar todo eso que The Attico representa a pie de playa.
No resulta complicado imaginarse sus diseños bañados por las aguas de Ibiza, ni tampoco a muchas de las integrantes de la A-list defendiendo sus bikinis de talle alto o sus estampados animal print. Una propuesta no apta para tímidas que, de nuevo, versiona algunos de sus guiños estéticos más recurrentes como el uso del lamé o los drapeados.
Cortesía de Reina Olga


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