La paleta de colores elegida es suave y lechosa, inspirada en la flora y la fauna submarinas: rosa langosta, violeta, menta claro… “Una de las principales fuentes de inspiración de esta temporada es Matthew Barney, y más concretamente su Cremaster Cycle. Descubrí esta obra cuando era estudiante y siempre he querido crear algo que se moviera en ese universo de iconografía personal, con sus colores lechosos y ese surrealismo tan íntimo”, explica el diseñador. Los toques dorados, sello distintivo de Schiaparelli, también salpican la colección.
Una de las siluetas más espectaculares es, sin duda, un vestido luminoso con luces integradas que parecen fulgurar desde el interior mismo de la prenda. Su corpiño en bajorrelieve emerge del escote, mientras que la iluminación confiere al conjunto una dimensión casi espiritual. “Este conjunto recuerda casi a una estrella de cine. De hecho, acababa de ver un documental sobre Marilyn Monroe. Esta silueta retoma ese arquetipo, pero lo proyecta en una versión 3.0, orientada hacia el futuro”.



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