No lo pensó demasiado. Después de una idílica convivencia en París –y tras una llamada a la hermana mayor de la actriz, Rainey, a la que le pediría su consentimiento– el productor dio el paso entre sudores y risas. Era mayo de 2022. “Lo pienso ahora y lo único que puedo decir es que seguro que parecía un loco. Ella me miraba como si algo fuese mal y creo que fue porque empecé a sudar. Siempre estoy de broma, así que cuando me pongo serio, puede resultar un poco desconcertante”, bromeó.
Aquella podría ser la primera evidencia de que algo no iba del todo bien en la relación de Margaret Qualley y Jack Antonoff: ya se sabe que la dificultad a la hora de comunicarse es casi siempre lo que hace saltar todo por los aires. Sin embargo, en 2023, Qualley –aún con la euforia de la recién casada– insistía en una entrevista que concedió la edición estadounidense de Harper’s Bazaar, que estaba segurísima de su amor, que calificó como “emocionante y calmado”. “Estoy feliz de haber encontrado a mi persona. Es así y es alucinante. Es el mejor sentimiento del mundo”, confesaba. Parece que todo estos buenos sentimientos habrían quedado atrás.
Pero más allá de una supuesta incompatibilidad, existen más motivos por los que esta relación habría hecho aguas.
- Un posible affair entre Qualley y su compañero de reparto en King Snake (2027), Drew Starkey. No sabemos si antes o después del desamor (aunque siempre es después).
- La publicación de Famesick hace dos meses. En su libro de memorias, Dunham no dejaba a Antonoff muy bien parado. Y la actriz de La sustancia podría haber pensado que sisters before misters.
- Según el tabloide TMZ, Qualley habría borrado de Instagram las fotos de su boda en New Jersey (aunque si eso hubiese pasado, ahora ya están desarchivadas y ellos todavía se siguen en esta red social).
- Una supuesta infidelidad recalcitrante por parte del productor (al que se le vinculó con Lorde cuando aún estaba con Dunham).
- Una predisposición de Qualley por los ‘perlas’: Pete Davidson y Shia LaBeouf. Estas cosas nunca acaban bien.
- Una boda demasiado pronta: nadie debería casarse a los 28 años.

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