Puede que fuese Yves Saint Laurent el encargado de convertir el esmoquin masculino en epítome de la sensualidad femenina, pero fue Julia Roberts la que hizo del traje de hombre un símbolo, cuando en 1990 lo escogió para recoger su Globo de Oro a Mejor Actriz por su papel en Magnolias de acero. Para la ocasión, sin embargo, la americana eligió a otro grande de la industria. Y es que no fue Saint Laurent, sino Giorgio Armani, el encargado de vestir a la actriz para esa imagen histórica.
En pleno apogeo noventero, Armani se había convertido en sinónimo de la elegancia y el empoderamiento femenino, con campañas que dibujaban a una mujer de hombreras marcadas y sastrería perfecta caminando por las calles de Nueva York. Pero Julia, con su estilo irreverente y su inconfundible melena rizada, elevó a la casa italiana a otro estrato en el que el traje masculino (el de Roberts era de la línea de hombre) redefinía no solo las normas de género, sino también las de la etiqueta para las actrices sobre una alfombra roja.
Jim Smeal/Getty Images

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