08/07/2026

Afectoma: los 4 hábitos positivos que recomienda un científico experto en envejecimiento

Afectoma: los 4 hábitos positivos que recomienda un científico experto en envejecimiento

Que un catedrático experto en bioquímica y biología molecular –que ha consagrado su vida profesional al estudio del cáncer, el envejecimiento y enfermedades minoritarias mediante el descubrimiento de nuevos genes humanos– insista en todo lo bueno que tiene cultivar las factores emocionales y positivos de la vida, justifica hablar de la importancia de cuidar los sentimientos para hacer frente al paso del tiempo. Nos referimos a las cosas buenas del día a día. Las pequeñas alegrías cotidianas que también pueden ayudar a lograr la ansiada longevidad. No se trata siempre de hablar en negativo de los factores que restan salud y años de edad biológica –contaminación, alimentación desequilibrada, sedentarismo–. Sino también de centrar la atención en las cosas buenas que suman. Y mucho. Así nos lo explica el científico Carlos López-Otín, autor del libro La levedad de las libélulas (Paidós): “El concepto de exposoma se introdujo inicialmente para definir el conjunto de factores externos a los que nos vemos sometidos en nuestra vida cotidiana y que repercuten negativamente en nuestra salud. La atención se centró sobre todo en los factores químicos, físicos, microbiológicos y nutricionales que construyen el ambientoma que nos rodea. Sin duda, el aire que respiramos, las radiaciones que recibimos, los microorganismos que acogemos, los alimentos que ingerimos o el agua que bebemos forman parte de ese ambientoma que puede dañarnos o intoxicarnos y favorecer la pérdida de la salud. Sin embargo, a medida que hemos ido progresando en el conocimiento de las claves moleculares de la vida, hemos aprendido a reconocer el impacto que tiene sobre nuestra salud física y nuestro bienestar emocional todo un amplio catálogo de factores sociales, económicos y psicológicos. Por eso, factores como el estilo de vida que adoptamos, el trabajo que realizamos, la casa que habitamos, la atención sanitaria que recibimos y las emociones que sentimos también deben formar parte del exposoma, un exposoma interno y personal. Y si prestamos atención a este concepto ampliado del exposoma, nos daremos cuenta de que además de factores negativos para la salud y la longevidad, hay muchos otros positivos y estimulantes que mejoran nuestra vida y la de quienes nos rodean. Así, la solidaridad que ofrecemos, la amistad que disfrutamos, el amor que compartimos o el altruismo que regalamos construyen un exposoma amable y saludable, un exposoma afectivo y positivo que se ha comenzado a llamar afectoma y que debemos cultivar y cuidar”, explica a esta cabecera el experto.

Cuando le preguntamos si es posible desacelerar el proceso de envejecimiento con factores emocionales como una caricia o un abrazo, su respuesta hace referencia a los 14 mecanismos asociados al proceso de envejecimiento que ha estudiado en su investigación The hallmarks of aging, publicada en la revista Cell. En ella se ha incluido un componente en la ecuación molecular del envejecimiento que engloba los factores emocionales. “Hemos definido este proceso como aislamiento psicosocial, para referirnos a las deficiencias que se generan en el frágil equilibrio que debemos mantener entre nuestra biología y el entorno social y emocional en el que vivimos. En suma, los factores emocionales positivos influyen sobre nuestra salud y prolongan la longevidad saludable a través de mecanismos moleculares que se están comenzando a descifrar”, explica. Repasamos con el experto algunos de esos hábitos que pueden ayudarnos a cultivar el afectoma y, por tanto, la longevidad. Sí, una actitud vital positiva puede ayudarnos y mucho a cuidar nuestra salud.

#1. Alimentar la curiosidad

“La curiosidad para mí es uno de los grandes elixires de la longevidad, tal vez el mayor de los posibles entre los que son universales y accesibles”, afirma el científico. Y alimentarla es uno de esos hábitos que deberíamos cultivar porque, como insiste López-Otín, “se puede heredar en parte pero sobre todo se puede aprender y se puede entrenar”. ¿Cómo? Escuchar, conversar, pensar, leer, escribir, disfrutar del arte y la cultura son formas de ejercitarla y beneficiarse del bienestar que genera. “Todo esto creo que nos ayudará a vivir un poco más y un poco mejor”, concluye.

#2. Observar

La conexión con la naturaleza es uno de los hábitos interiorizados en la cultura de los países más felices del mundo (en Finlandia, por ejemplo). Para el experto también es otra manera de cultivar el afectoma. Observarla es otra manera de cultivar la curiosidad. “Hay muchas formas de nutrirnos de curiosidad, por ejemplo, a través de la observación de lo que nos rodea, desde las personas a la naturaleza, con los ojos muy abiertos y la mente muy despierta. Mi hijo Daniel, que dejó su trabajo como médico en el ámbito de la psiquiatría para convertirse en guía de expediciones naturalistas por todo el mundo, es mi mejor maestro en el arte de la observación”, explica.

#3. Disfrutar de la compañía de personas maravillosas

López-Otín parafrasea a George Orwell para confirmar que “lo esencial no es mantenernos en la noria de la supervivencia sino seguir siendo humanos”. Como él mismo cuenta, el objetivo de sus estudios no ha sido buscar píldoras de eterna juventud sino conocer y curar enfermedades asociadas al paso del tiempo. Y en ese proceso ha podido comprobar de qué manera las emociones influyen en los procesos de envejecimiento y deterioro humano. De hecho, en lo que él llama ‘el arte de la salud’ cuidar y promover las relaciones sociales positivas es muy importante. “Tenemos que evitar las formas de toxicidad que nos rodean, y que son de dos tipos fundamentales: la ambiental y la humana. De esta última, la toxicidad que ejercen unos humanos sobre otros, se habla menos, pero hay que distanciarse de ella porque es un pesado lastre para nuestro bienestar emocional y nuestro afán de vivir mejor.”

#4. Más abrazos y caricias

En su discurso (plagado de datos científicos) López-Otín insiste en diferenciar hasta dónde llega nuestro margen de maniobra. Hace referencia a las más de 17.000 enfermedades diferentes que se dan en la especie humana y al hecho de que casi la mitad de esa patologías son hereditarias, causadas por mutaciones genómicas “en las que no hay mucho margen para la prevención por actitudes positivas”. Sin embargo, sí confirma que hay otros desajustes en los ritmos biológicos y desequilibrios de nuestro organismo que sí están asociados a nuestro estilo de vida. Y es ahí donde la actitud vital positiva puede ayudar. Precisamente por eso los abrazos, las caricias y los besos son un buen hábito para cultivar el afectoma. “Debemos considerar ese nuevo determinante del envejecimiento del que hemos hablado antes, la inadaptación psicosocial, y esforzarnos en lo personal, en lo colectivo y en lo institucional para corregir esas deficiencias sociales y emocionales”, concluye.

La levedad de las libélulas, de Carlos López-Otín (Paidós)

Un análisis sobre cómo nuestra manera de entender la salud ha evolucionado a lo largo de los siglos para avanzar hacia una medicina de la salud.

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