Si hay un artista que supo armar todo un corpus creativo en torno a la sutileza y la fragilidad, pero también alrededor de la gravedad y el movimiento, por más que no parezcan cualidades del todo compatibles, ese fue Alexander Calder (Filadelfia, 1898 – Nueva York, 1976). El norteamericano es objeto ahora de una ambiciosa retrospectiva que se podrá visitar en la Fondation Louis Vuitton, en la capital gala, del 15 de abril al 16 de agosto y que celebra el centenario de su llegada a Francia en 1926 –“Realmente fue en París donde Calder se convirtió en Calder”, argumenta Dieter Buchhart, comisario de la muestra, acerca de la importancia de esta efeméride– y los cincuenta años de su fallecimiento.
El nombre de la exposición, Calder. Rêver en Équilibre [Calder. Soñar en equilibrio] ya aporta pistas acerca de las dos grandes coordenadas que guiaron el trabajo del artista: la poesía y la física. “Cuando estás junto a un móvil –o debajo de él– sientes su espacio, percibes los sonidos que pueden surgir; nosotros, como visitantes, generamos pequeñas corrientes de aire que incluso pueden provocar que las piezas se muevan. Hay reflejos cuando la luz incide sobre ellas, aparecen sombras. Es decir, tienes a tu lado o sobre ti una obra que danza y se transforma. Para mí, ahí es donde la poesía cobra vida”, concede Anna Karina Hofbauer, curadora de la exposición junto a Buchhart, que apostilla a lo que acaba de apuntar su compañera: “Pero la física también es importante: a finales de los años 20 y principios de los 30, los artistas debatían nuevas teorías científicas, como la mecánica cuántica, el principio de incertidumbre de Heisenberg o la teoría de la relatividad de Einstein, que implicaban conceptos como la indeterminación y la falta de estabilidad. En sus móviles hay incontables configuraciones posibles”.
La muestra incluye más de 300 obras: estables [stabiles, según la denominación acuñada por Jean Arp] y móviles, así como retratos de alambre, figuras de madera tallada, pinturas, dibujos e incluso joyas diseñadas como esculturas únicas. Aunque, sin duda, la pieza más esperada de la cita será el Cirque Calder, un circo en miniatura en el que el creador manipulaba, como si de marionetas se trataran, acróbatas, payasos y jinetes, que cautivó al círculo de las vanguardias y que, gracias a un préstamo excepcional del Whitney Museum of American Art –el primero en 15 años–, regresa a París, la ciudad donde fue creado. “Lo interesante es que cobraba vida en el momento en que Calder lo ponía en funcionamiento. Nos hemos tomado muy en serio la arquitectura del espacio donde se presentará el circo al espectador, aunque no entraré en detalles porque el montaje será una gran sorpresa. Además, proyectaremos la película producida en los años 60 [Le Cirque de Calder, cortometraje documental de 1961 dirigido por Carlos Vilardebó]”, explica Hofbauer. Esta insólita obra supuso el arranque del arte performativo, en este caso, además, en constante reinvención e itinerancia, ya que el creador acostumbraba a viajar con él. De hecho, hubo una representación en la granja de Joan Miró, situada en Mont-roig del Camp, Tarragona, entre otras muchas localizaciones.

Más historias
Los nuevos vestidos de novia de Alex Vidal: una oda contemporánea a la naturaleza
El perfume de Narciso Rodriguez con olor a limpio que más se está vendiendo esta primavera 2026 (y gusta a los 20 años y a los 70)
¿Por qué los dispositivos de radiofrecuencia transformarán nuestra rutina de cuidado de la piel?