Aitor Solà
En los últimos cinco pares Cañedo también quiso añadir un detalle en la suela. Con este gesto, ponía en conversación dos aspectos de la vida de Jebb, tanto la presencia de las cartas que escribió a lo largo de los años como los retales de tela que se cosió al abrigo en un momento determinado de la Primera Guerra Mundial con nombres de gente desaparecida para pasarle la información al gobierno británico. “Al crear Save the Children, elaboró una declaración con diez derechos del niño. En estos pares escribí los cinco primeros sobre un recuadro en blanco. Me pareció un bonito tributo”, sostiene. No son los únicos dibujos que la artista ilustró sobre el calzado: decidió reflejar la etapa de Jebb como profesora a través de múltiples flores. La muerte de su hermano, que marcó un punto de inflexión en su vida, se tradujo en un caballo y una oveja, enmarcados en múltiples trazos de encaje.
El motivo detrás de esta elección textil tampoco era casual: fue una de las pocas directrices que le mandó Gabriela Hearst al comienzo del encargo, además de la referencia a Eglantyne Jebb. Para todo lo demás le dio plena libertad creativa: “Si me hubiera dado más pistas, creo que me habría condicionado en cierta manera. Quizá no me habría atrevido a hacer algo tan colorido y tan loco como al final ha sido”, reconoce Cañedo. Su proceso fue de lo más laborioso. Primero fotografió las botas que recibió (en negro y varios tonos de marrones), e hizo sobre las imágenes varias pruebas de color. Una vez que obtuvo feedback positivo de Gabriela Hearst, se puso manos a la obra: primero aplicó un líquido para quitar la cera de las botas, y luego empleó un acrílico especial para cuero (los colores claros necesitaban más capas) y otro barniz para sellarlo. “Pintar sobre piel obliga a una concentración total porque no te puedes equivocar. Es una técnica que requiere mucha disciplina, así que básicamente, he estado tres meses encerrada sin más vida”, concede.
Resulta de lo más curioso que sea una bota cowboy (y no otro zapato) el objeto de dicha personalización. Y es que este calzado podría ser una buena metáfora de la relación que une a Gabriela Hearst con Almudena Cañedo. Tiene su propia intrahistoria: en noviembre del año pasado, la ilustradora viajó a Nueva York y le regaló unas botas camperas que había pintado a mano por su cumpleaños. Inspirada por un viaje a Marruecos, Cañedo ya había personalizado unas suyas anteriormente, que llamaron la atención de la creativa uruguaya. “Tras una noche en la que salí con Almu, con mis botas y mi falda de cuero azul, me levanté al día siguiente diciendo que ella tenía que pintar las botas para el show”, revela Gabriela Hearst para Vogue España. “A Steff, mi mano derecha y a mí, se nos ocurrió al mismo tiempo. Fue la primera idea concreta que tuvimos sobre la colección de Eglantyne Jebb”. La diseñadora se deshace en halagos con la habilidad de Cañedo: “Para mí no fue difícil delegar en ella esta parte del desfile. Había visto el trabajo de Almu, éramos amigas y ya sabía que era una persona muy detallista que iba darle mucha profundidad, como todo lo que hace. Llevó a cabo una ardua investigación sobre la vida de Eglantyne Jebb”, opina.


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