La cita es un compendio de obra nueva y otras piezas antiguas de Aláez que secundan una serie de obsesiones y fijaciones que la artista ha filtrado a lo largo de su carrera. “Para mí los montajes son esenciales porque es cuando yo activo la obra. En realidad, la obra es un objeto que está durmiendo en su caja, es decir, no tiene vida hasta que tú se la das. Puede pasar que algo que ocurrió hace tiempo, pero en lo que no te paraste a pensar porque ibas a toda pastilla, lo recuperas ahora, lo pones en diálogo con una obra de 2026, y pasan cosas. No creo en la temporalidad de las piezas. En el arte, una obra funciona o no funciona. Es un test temporal, ahí no hay arrugas, no hay cremas de belleza”, explica sobre su particular concepción del papel que juega el tiempo en su práctica artística.
Fotografía: Roberto Ruiz / Cortesía de la artista y de la galería The Ryder
Fotografía: Roberto Ruiz / Cortesía de la artista y de la galería The Ryder
La creadora, que estudió Bellas Artes en la Universidad del País Vasco, especializándose en escultura, acostumbró desde sus inicios a priorizar su práctica por encima de factores meramente compositivos, eludiendo así la idea de pureza e introduciendo la hibridación en su propuesta. “En mi tiempo de formación me expresaba con una estética –vamos a decirlo suavemente– muy cambiante, una especie de mezcla entre punk y Lolita gótica. Le robé una colcha a mi madre, la teñí y me hice un vestido con eso y siempre digo que fue mi primera obra de arte. Ahí ya estaba intentando expresarme con lo que tenía y no quería esperar ni al mejor momento ni al mejor material. Sabía que era urgente que hiciera algo porque eso siempre está latente”, recuerda sobre sus inicios. Una actitud que explica bastante bien la trayectoria que desarrollaría desde entonces y que le ha llevado a poner la creación artística siempre en el centro. “Trabajar mucho no significa un buen resultado y luego hay que diferenciar entre arte y artesanía que son cosas que, aunque pueden estar muy juntas, son muy distintas. Nunca me ha interesado traducir la vida en términos hiperrealistas porque me espanta. Por eso no comprendo que la gente quiera entender el arte porque no hay nada que entender, ya es suficiente tener que entender las facturas, las relaciones personales –que son complejísimas–… Yo no persigo entender, mi meta es intentar vivir de otra manera. Sin embargo, la realidad está totalmente unida a mi práctica”.


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