29/05/2026

Apego seguro: Amir Levine explica la clave para dejar de vivir en estado de alerta

La buena noticia es que, sea cual sea nuestro estilo de apego, el cerebro es capaz de adaptarse y protegerse de los efectos nocivos que haya podido recibir en el pasado gracias a la hiperconectividad y a nuestra capacidad para mantener vínculos seguros a lo largo de la vida.

Para explicar cómo se construye esa seguridad emocional, Levine desarrolla el concepto PRE DICC, un acrónimo con el que resume los cinco pilares de una relación segura: consistencia, disponibilidad, reactividad, confiabilidad y predictibilidad. Según el psiquiatra, el cerebro necesita percibir estabilidad y respuesta en los vínculos para dejar de vivir en estado de alerta. Cuando eso ocurre, explica, no solo nos sentimos emocionalmente más seguros, también reducimos el estrés y mejoramos nuestro bienestar físico y mental.

La seguridad emocional también se aprende

Aunque nuestras vivencias tempranas determinan quiénes somos, Levine insiste en que el cerebro social es muy maleable. “El tipo de apego que tenemos con nuestros padres en la infancia puede determinar un 10 % del modo de apego que vamos a tener cuando somos adultos. Además, al crecer, desarrollamos distintas formas de apego con las personas: con algunas tenemos un apego más positivo y con otras más negativo; unas nos hacen sentir más seguros, otras menos”. A partir de esta idea, el psiquiatra desarrolla una de las principales herramientas que ofrece: el cuestionario de la topografía del apego, que permite “mapear las diferentes formas de apego con nuestra pareja, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros amigos, hasta con nuestra mascota”.

Según explica, este mapa ayuda a entender qué relaciones nos aportan estabilidad y cuáles nos afectan de forma más negativa. “Y eso es lo que usamos en la terapia de imprimación positiva: descubrir, basándonos en esta topografía, las etapas sucesivas para que nuestro cerebro se sienta cada vez más seguro”.

Sin embargo, modificar esos patrones no siempre es sencillo. “El cerebro lo que intenta muchas veces es arreglar las situaciones y se queda enganchado intentando encontrar soluciones”. Para Levine, gran parte del problema es que seguimos invirtiendo energía en relaciones que nos mantienen atrapados, en lugar de prestar atención a otros vínculos más seguros y positivos. “Antes de este libro, yo mismo ignoraba a muchas personas que realmente podían tener un impacto positivo”. Aunque recuerda que no se trata de buscar estas cualidades en los demás, sino de ser esas personas confiables, disponibles y consistentes.

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