Tras la ceremonia, un trío de música folclórica italiana acompañó a los invitados al cóctel, y los recién casados pasaron un rato con ellos antes de escaparse para dar un breve paseo en coche juntos como marido y mujer: un momento de tranquilidad antes de abordar la fiesta.
Para la recepción, Arden se puso un vestido personalizado de Eden Aharon. “Fue mi momento de princesa de alta costura para nuestro primer baile y la recepción”, explica la novia. “Con su corsé esculpido, sus delicados apliques de encaje y las capas creando un movimiento y una ligereza preciosos, el vestido resultaba a la vez espectacular y natural”.
Una vez dentro de la carpa, toda la atención se centró en la comida. “Una de nuestras formas de expresar el amor es compartir una buena comida juntos, así que sabíamos que sería una gran prioridad en nuestra boda”, dice Arden. “En uno de los platos, servimos todas nuestras pastas favoritas: la clásica carbonara para mí y rigatoni picantes con salsa de vodka rojo para Chris. Fue solo otra forma más de alcanzar nuestro objetivo para toda la boda, que era compartir las cosas que más nos gustan con las personas que queremos”.
La tarta nupcial era un clásico milhojas italiano con frutos rojos y crema de chocolate –el sabor favorito de Chris–. El chef Matthie la dejó a medio hacer y la llevó hasta la pista de baile para que la pareja pudiera terminarla con frutos rojos, nata y azúcar glas. Tras la tarta, Arden sorprendió a Chris con una serenata improvisada de una de las canciones favoritas de la pareja: You’re Still the One, de Shania Twain. Los recién casados bailaron rodeados de todos sus invitados, que al final se unieron a ellos. “El amor y la alegría que llenaban la sala se podían palpar”, recuerda Arden.
Más tarde, la novia se cambió para lucir su último look de la noche, destinado a la fiesta posterior a la boda. “Quería algo que fuera totalmente diferente de los vestidos anteriores: un momentazo de moda definitivo con el que cerrar la noche”, afirma. Para ello, colaboró con la diseñadora de novias afincada en Los Ángeles Natalya Valentine para crear un minivestido exclusivo.
“La idea era crear un vestido que transmitiera un aire festivo a la vez que refinado: una interpretación moderna de la vestimenta para la fiesta posterior”, explica Arden. “Juntas exploramos diferentes siluetas y escotes, dando forma al diseño para que resultara distintivo y, al mismo tiempo, profundamente personal”.
La pieza final se adornó a mano con casi 20 000 lentejuelas, abalorios y elementos de cristal. Las proporciones esculturales y los intrincados adornos resultaban lo suficientemente atrevidos para las últimas horas de la celebración, pero lo bastante elegantes como para seguir siendo inconfundiblemente nupciales, y pensados para bailar hasta la última canción.
La novia tenía reservada una última sorpresa: un puesto de ramen. “A Chris le encanta el ramen”, explica. “Teníamos tazas personalizadas con nuestras fotos de compromiso, y acabó siendo uno de los mayores éxitos de la noche. Entre la banda en directo, el ramen a altas horas de la madrugada y el karaoke que se prolongó hasta el amanecer, fue la fiesta con la que siempre habíamos soñado”.
Este artículo se publicó originalmente en Vogue.com
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