La adaptación al cine de Wicked coprotagonizada por Ariana Grande y Cynthia Erivo, ha costado tres años y varios litros de lágrimas. Ha habido llantos a dúo en el rodaje, fiestas de despedida entre sollozos, entrevistas lacrimógenas, alfombras rojas emotivas y, en el caso de Grande, hubo lágrimas incluso años antes de que se programara la producción de la película: loca por el teatro desde pequeña, así de fuerte era su sueño de interpretar a Glinda la Bruja Buena, y eso antes de enterarse de que Erivo había sido elegida para el papel de Elphaba. Creo que nunca he visto a dos personas tan afectadas, tan aparentemente transformadas por su participación en una película. El lenguaje, los gestos y, a veces, las identidades de Grande y Erivo, han convergido –o han «empastado», como los cantantes describen la misteriosa forma en que sus voces encajan a la perfección– en un musical trascendental, donde todo lo que sucede en la vida parece un designio del destino.

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