Gabriela Flores (Sevilla, 1997) ya lo había intentado antes. En ese momento, era una joven universitaria soñando entre números, pero la necesidad de diseñar ya había aflorado. Lo intentó con Attega, una marca de espíritu hippie que ahora ha vuelto –tras una pausa natural– para enamorarnos a todas las chicas que queremos llevar vestidos babydoll y prendas que nos permiten jugar con la moda. Hablamos con la diseñadora, que aún no ha cumplido los 30 y ya conoce lo que es el éxito.
¿Cómo surge Attega?
Attega empezó como un proyecto personal en mis últimos años de universidad. Estudiaba Administración y Dirección de Empresas, pero necesitaba una forma de sacar algo más creativo de mí. Empecé diseñando y vendiendo bolsos de tela hechos por mí, y poco a poco fui incorporando prendas y bolsos de piel realizados en pequeños talleres de Andalucía.
Nunca fue algo lineal ni al que pudiera dedicarle todo mi tiempo. Lo compaginaba con la universidad primero y después con mi trabajo como estilista. Más adelante me mudé a Madrid y decidí dejarlo en pausa durante unos años. A finales de 2024 surgió la oportunidad de retomarlo y no me lo pensé demasiado. Tenía claro que, si volvía, sería para implicarme por completo. Habían pasado ya bastantes años desde que nació Attega, así que este regreso vino también con una evolución mucho más madura, tanto a nivel personal como creativo. Fue una evolución natural del proyecto, otra forma de entenderlo, con una visión más definida, coherente y ambiciosa. En cierto modo, Attega creció al mismo tiempo que yo.
¿Cómo es esta nueva Attega?
Esta nueva etapa empezó en octubre de 2024. Fue entonces cuando empezamos a trabajar en la nueva identidad de Attega y a definir con más claridad qué queríamos transmitir, con la ayuda de mi socio y pareja, que fue una de las personas que más me animó a retomar el proyecto y que ha estado implicado al 100% durante todo el proceso. El punto de partida estaba en la nostalgia, la feminidad y las referencias de los años 90, pero llevadas a un lenguaje actual. Queríamos crear piezas cómodas, femeninas y fáciles de llevar, con un aire romántico pero contemporáneo.

Más historias
Irene Cuevas: “Me he sentido una leoparda, una serpiente, con mis cosas ‘queer’ y el no entender el mundo ahí fuera”
Bego Antón: “La fotografía es una excusa para entender mejor. A mí me encanta la gente que rompe con lo normativo y no tiene ningún pudor en hacer cosas minoritarias”
El bolso trenzado sigue siendo el favorito de las chicas ‘cool’ este verano (y estos son nuestros favoritos)