Lo primero por lo que se interesa Bina Daigeler (Múnich, 1965) al conectarse a la videollamada durante la que tiene lugar esta entrevista es por cómo ha ido el pase de prensa en el que se ha podido ver Mother Mary, la nueva película en la que ejerce de diseñadora de vestuario. “¿Había gente? ¿Cuánta se ha ido?”, pregunta con cierta sorna. Tiene sentido. El filme, que llega a las salas el 31 de julio, plasma la última idea de David Lowery, director de las personalísimas A Ghost Story o El caballero verde y uno de los cineastas más divisivos para la crítica de la cinematografía actual. Lo que aquí se cuenta también es, en cierto modo, una historia de fantasmas. De los del pasado y los del presente para una megaestrella del pop, Mother Mary, que se reencuentra con Sam, una diseñadora de alta costura a la que necesita para confeccionar el vestido que llevará en una última actuación que se promete apoteósica. Pero que nadie se lleve a engaño, esto no es aquella Von Lux que en 2016 protagonizó Natalie Portman y que ahondaba en la realidad de una estrella musical. Aquí hay mucho de análisis de los estragos de la popularidad, del dolor del alma humana y de la voracidad de la fama. “Yo del mundo de las popstars no sabía nada, pero no se lo dije a nadie”, reconoce Daigeler entre risas. “Cuando miras la trayectoria de David Lowery no te imaginas que es fan de la música pop, pero la realidad es que le encanta. Le gustan mucho los conciertos y sobre todo los de ese género. Me resultó muy curioso, pero es cierto que en sus películas el hilo conductor es el gusto por lo gótico o los espíritus. Eso es algo que está presente en Mother Mary”.
Anne Hathaway y Michaela Coel, Mother Mary y Sam Anselm, respectivamente, son las protagonistas de este largometraje en el que también están Hunter Schafer, FKA Twigs, Kaia Gerber o Sian Clifford. “Desde el principio me fijé mucho más en lo que pasaba dentro de la relación de las dos protagonistas. No quería quedarme solo en lo exterior de la estrella del pop y la diseñadora de haute couture. Me interesaba lo que hay en ese momento vital de cada una y también cómo David Lowery convive con los personajes”, explica la figurinista.

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