Bardot acabó siendo elegida y su destino cambió por completo. Y no fue gracias a Allégret: la película en cuestión nunca llegó a rodarse. El responsable de este cambio fue Vadim, aquel joven asistente, seis años mayor que ella. Corría el año 1950 cuando ambos (con Brigitte de solo 16 años) se presentaron oficialmente y empezaron a conocerse.
Ella ya era deslumbrante, pero él tampoco pasaba desapercibido: moreno, alto, carismático, un seductor nato de origen aristocrático. Su nombre completo, Roger Vadim Plémiannikov, delataba un linaje acomodado: su padre era un importante diplomático de una familia rusa adinerada. Gracias a Roger, Brigitte descubrió el cine, el amor, la sexualidad y la libertad, rompiendo contra la educación rígida y convencional con la que había crecido. Rebelándose contra su padre, que intentó por todos los medios separar a aquellos dos jóvenes enamorados.
El mandato de los padres se mantuvo firme hasta la boda
“Sólo podrás estar con él cuando cumplas 18 años”. Frase que Brigitte Bardot escuchó una y otra vez de boca de sus padres, que llegaron incluso a prohibirle ver a Vadim. Una presión constante y asfixiante que empujó a la joven B.B. a un gesto desesperado: intentó suicidarse abriendo el gas y metiendo la cabeza en el horno mientras sus padres estaban en el teatro. Pero el destino quiso que regresaran a tiempo para salvarla.
Aquel episodio les ayudó a entender lo importante que era Vadim para su hija. Después de tres años llenos de mentiras, encuentros a escondidas y tensiones familiares, a los 18 años Brigitte consiguió por fin el permiso para casarse con Vadim, su gran amor, el hombre que le había hecho perder la cabeza. La boda civil se celebró el 19 de diciembre de 1952 en el ayuntamiento del XVI Distrito de París y, dos días más tarde, el 21 de diciembre, la pareja se dio el ‘sí, quiero’ ante el altar de la iglesia de Notre-Dame de Grâce, en Passy.

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