18/04/2026

Café proteico: el truco más fácil para alcanzar tus objetivos de nutrición

La primera vez que oí la palabra «proffee«, me dieron arcadas. El término, una contracción de café proteico, arrasó en el mundo del bienestar cuando apareció por primera vez. ¿Qué significaba? ¿Acaso la gente obsesionada con las proteínas le echaban cucharadas de yogur griego al café? ¿O quizá mezclaban unas claras de huevo en su flat white? Afortunadamente, no era eso. Un café proteico consiste simplemente en añadir la cantidad adecuada de una buena proteína en polvo al café matutino.

Según las recomendaciones actuales, las personas adultas deben ingerir entre 0,8 y 1,5 g de proteínas por kilogramo de peso corporal al día, dependiendo de la edad y el nivel de actividad. Una persona más sedentaria debería consumir entre 0,8 g y 1,2 g de proteínas por kilogramo, mientras que alguien muy activo podría aumentar esta cifra de 1,5 g a 1,7 g.

Recientemente he vuelto a hacer un seguimiento de mi ingesta diaria de proteínas y fibra, y me ha sorprendido descubrir que estaba muy por debajo de mi objetivo en ambos casos. Por ejemplo, dos huevos en el desayuno (aunque están repletos de micronutrientes), solo aportan 14 g de proteínas. Desde que incorporé el café proteico a mis mañanas, alcanzo fácilmente los 33 g antes de salir de casa, lo que me permite alcanzar mi objetivo diario de 95 g en total.

Cómo preparar un café proteico

La mayoría de la gente recomienda mezclar la proteína en polvo con leche para obtener una mejor textura y sabor. Margaux Anbouba, de Vogue, utiliza una cucharada de Ka’Chava –una proteína en polvo con sabor a café– y la añade a la leche mientras se calienta. Una vez calliente, hace espuma con la combinación hasta obtener un suave y aterciopelado flat white.

Como yo prefiero el café con hielo, pongo la leche (de avellana, en mi caso) en la batidora con tres medidas de proteína en polvo con sabor a vainilla. Cuando adquiere una textura bien espumosa, la combino con dos shots de espresso descafeinado y dos cubitos de hielo grandes. La proteína en polvo da a la mezcla un sabor más rico y más lácteo, como el de un batido de vainilla de toda la vida. Como el polvo que utilizo no lleva edulcorantes ni aromas artificiales, no resulta excesivamente dulce ni empalagoso. Es más bien como una generosa capa de espuma cremosa.

Proteína en polvo con sabor a vainilla, de Myprotein

¿Cuáles son los beneficios del café proteico?

Una ingesta adecuada de proteínas se asocia a un metabolismo más eficiente, un sistema inmunitario más fuerte, la conservación de la masa muscular, un estado de ánimo más equilibrado y una mayor sensación de saciedad entre horas. En otras palabras, ayuda a prolongar la sensación de plenitud, a reducir los antojos y a favorecer la recuperación tras el ejercicio. Incorporar un café proteico a primera hora es, además, una forma práctica de alcanzar tus objetivos diarios de proteína sin necesidad de preparar una comida específica rica en este nutriente.

Dicho esto, por muy práctico que resulte, la proteína en polvo no es un recurso en el que nutricionistas y dietistas titulados recomienden apoyarse de forma habitual. Los expertos insisten en priorizar fuentes de proteína procedentes de alimentos reales —como los huevos, las carnes magras, el pescado, el tofu o las legumbres— frente a alternativas ultraprocesadas como los suplementos en polvo. Aun así, en un apuro (o cuando cuesta alcanzar la cantidad recomendada), un café proteico puede ser un aliado útil para aumentar la ingesta total de proteínas.

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