04/06/2026

Carlota Visier, escritora: “No tuve internet en casa hasta los quince años y es algo que agradezco”

De aquella infancia le quedó también a Visier un amor por lo libros incontestable. No solo estudió Lengua y Literatura para después especializarse en Literatura Hispanoamericana; en 2021 cofundó la exquisita editorial Ediciones Comisura junto a Laura C. Vela y Jesús Cano Reyes. “El amor por la literatura nace realmente de mi madre. Desde muy pequeña me compraba muchos cuentos, íbamos a la biblioteca, pero es que además yo me crié en un pueblo muy pequeño de Cuenca y venía el bibliobús. Imagínate, un autobús pequeñito plagado de libros”, recuerda con emoción. “Esa épica de los libros, de los cuentos y de las historias me la inculcó ella. Pertenecía al Círculo de Lectores y esa cosa que cuento de ir al kiosco está basada en hechos reales. De esa necesidad de atesorar las historias ya de niña me interesó muchísimo escribir. Tanto eso como leer está muy relacionado”.

Hija única es una novela rompedora en lo formal. Tanto como lo es cualquier libro de la propia editorial de la autora. Se juega con los formatos, las imágenes, el orden cronológico y casi con toda cosa que se pueda poner en una página. “Tenía cierto pavor”, reconoce. “Andrea Toribio [editora del volumen] me dijo desde el principio que la narración podía ser fragmentaria sin problema e incluso que podía meter alguna imagen. Hija única nace porque yo en Comisura saqué un libro chiquitito con fotos de mi archivo [An Only Child], he sido una niña muy fotografiada. Con esas imágenes buscaba hablar de la soledad en la infancia, rodeada de multitud y colores. Andrea vio algo en la presentación que le parecía bien para desarrollar. Me propuso la novela, nos reunimos y me lanzó esta bomba. Me hubiera quedado ahí, pero desde el minuto uno ha sido superfácil. He sido muy libre, como si hubiera hecho el libro en mi editorial”.

La infancia y adolescencia que se cuentan en Hija única también son queer. Y lo son no como foco de problemas, sino como una característica más que las apela. “Mi único conflicto se ha dado en el sentido de yo aceptarlo y hacerlo público, pero no me han hecho bullying ni he vivido experiencias que otros amigos que tenían pluma sí», comparte. “Para mí era importante mostrarlo así: cómo se descubre una sexualidad cuando no tienes referentes o no entiendes por qué estás tan a gusto con una monitora. En el mundo preinternet, yo todavía iba a la biblioteca a chatear o a buscar imágenes. O al trabajo de mi padre a imprimirme una foto de Tomb Raider. No tuve internet en casa hasta los quince años y es algo que agradezco. No empecé a buscar cosas queer hasta bien adolescente”, continúa. “Quería reflejar también ese descubrimiento en un lugar plagado de colores y el juego que eso puede dar. Bolas de colores, niños, niñas o monitoras: un descubrimiento amable de la sexualidad. Me interesaba que apareciera porque para mí es importante”.

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