El ante, al igual que el cuero, «también se puede estirar», afirma Acton, aunque, añade, “requiere un manejo más delicado debido a su textura suave y sensible”.
Dentro del cuero, sin embargo, existe una excepción: el charol, que suele obtener su brillo característico de un revestimiento de poliuretano o acrílico. “Este revestimiento sella la flexibilidad natural del cuero y hace que cueste mucho estirarlo”, dice Acton.
Los tejidos, como la lona, pueden ser un tanto elásticos, pero en realidad depende del estilo del zapato: «Los resultados pueden variar en función del tejido y las costuras del material», señala Acton. «Los empeines textiles son transpirables, pero a menudo carecen de elasticidad», añade Marshall.
Otros materiales que no ceden nada son los sintéticos. “El calzado sintético, aunque dura mucho, no cede y no transpira”, explica Marshall. «Al comprar zapatos sintéticos o textiles, debemos asegurarnos de que se ajusten cómodamente desde el principio, ya que no van a estirar con el tiempo».
Cómo estirar unos zapatos
Si tienes unas botas de piel o unos mocasines de ante que te aprietan mucho –y no tienes personal que te los dome primero, como tenía la reina Isabel II–, estirarlos puede ser tan sencillo como ponértelos unas cuantas veces con unos calcetines gruesos. «Si solo necesitas que ensanchen un poco, puedes humedecer unos calcetines gruesos y ponértelos durante 30 minutos», aconseja Egbogah. «Ayudará a que los zapatos se amolden a tus pies y te queden mejor». A continuación, algunos trucos más que puedes aplicar en casa para estirar los zapatos.
Usa una horma
Estas herramientas de aspecto medieval –que suelen estar hechas de madera o plástico con forma de pie– son un método de eficacia probada para estirar zapatos de piel y ante. «La horma puede ayudar a agrandar determinadas zonas del zapato», apunta Marshall. «Suele venir muy bien para los pies con patologías como callos, juanetes u otros problemas articulares».
Para usar este intrumento, primero hay que probarse los zapatos y determinar qué partes necesitamos estirar. ¿Se trata de un problema de longitud o de anchura? ¿En qué punto concreto del zapato? A continuación, si los zapatos son de cuero, puedes prepararlos aplicando un poco de acondicionador para cuero antes de colocarlo en la horma. Después, compacta la horma en su tamaño más pequeño (para que quepa el zapato), insértala por completo en el zapato y ve expandiendo la horma por zonas (con calleras en los puntos problemáticos), hasta alcanzar la longitud y anchura deseadas. Déjalos en la horma hasta ocho horas. Ten cuidado de no estirar demasiado. Es mejor ir despacio y repetir el proceso si fuera necesario.
El método del palo de escoba
Si no tienes una horma, Marshall recomienda usar un palo de escoba: «Apoya el extremo del palo en la zona del zapato que necesitas agrandar y frota el cuero sobre el palo», dice. «Esto creará una pequeña bolsa en esa zona específica sin alterar el resto».
Aplica calor
«Si solo necesitas ajustar ligeramente la anchura de la puntera o el talón, o si el zapato te parece un poco rígido, póntelo y utiliza un secador de pelo para calentar las zonas que te aprietan», explica Acton. «El calor ayudará a ablandar el material. Déjate el zapato puesto y camina mientras está caliente y hasta que se enfríe del todo».

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