Cómo pasé de lavarme el pelo todos los días a dos veces por semana
Este no es un artículo más sobre lavado de pelo, sino una historia real de cómo pasé de lavarme el pelo todos los días a conseguir hacerlo solo dos veces por semana (sin dramas capilares y sin la sensación de que el tercer día tuviera que recoger mi cabello o no salir de casa porque el pelo estaba sucio. Spoiler: no, no lo estaba). Antes me lavaba con solo una champunada porque como iba a repetir al día siguiente, pensaba que no era necesario más. Después empecé a experimentar con el doble lavado o, lo que es lo mismo, aplicar dos veces el champú, una para desincrustar y otra para lavar profundamente. Y comencé a poder distanciar algo más los lavados, un día sí y uno no (con convencimiento y felicidad). No sentía que estuviera forzando el second day hair que dirían las francesas. Con esa frecuencia me gustaba mi pelo tanto el segundo día como el primero. Pero mi momento de gloria (entiéndase la ironía que destila toda la descripción de la situación) llegó cuando puse en práctica lo que me he permitido llamar técnica sueca.
Si googleas no lo vas a encontrar tal cual, pero el nombre tiene sentido porque la técnica consiste en lavar el cuero cabelludo (que no el pelo) poniendo en práctica los movimientos básicos de la clásica técnica de masaje sueco, es decir, movimientos circulares que se llevan a cabo con las yemas de los dedos para estimular la circulación sanguínea y liberar tensiones. Pero la clave de este modus operandi no son solo esos movimientos, sino el hecho de no hacerlos en la raíz del pelo, sino en el cuero cabelludo, metiendo los dedos entre el cabello para tocar la piel de la cabeza y aplicar ahí el champú y el masaje. Así me lo explicaba Félix Burillo, estilista de Espacio Q, mientras me lavaba la melena en una de mis citas con este salón madrileño. E insistía en que la yema de los dedos no debe frotar el pelo sino el cuero cabelludo.
Por qué es importante lavar el cuero cabelludo
Lavar el pelo no consiste en frotar raíces, medios y puntas con el champú, sino en lavar el cuero cabelludo y dejar que la espuma que cae por el pelo haga el resto. Pero los esfuerzos a la hora de depositar el champú y dirigir los dedos debe estar en la piel de la cabeza. “Es esencial prestar atención al cuidado del cuero cabelludo al igual que al pelo. Hay que tener en cuenta que segrega sebo y acumula suciedad causada por restos de productos, células de piel muertas…. Es importante limpiar el cuero cabelludo y hacerlo con movimientos circulares que nos permiten levantar las impurezas y limpiar bien todas las zonas. Estos movimientos ayudan a repartir mejor el sebo natural que genera el cuero cabelludo”, afirma.
El tiempo importa
A la hora de poner en práctica esta técnica, el experto de Espacio Q insiste en usar las yemas de los dedos, masajear suavemente y dedicarle tiempo (en torno a uno-dos minutos para el masaje). Lavarse el pelo por trámite y sin intención no es buena idea (doy fe que desde que le dedico más técnica y más minutos el pelo me dura más tiempo limpio). “Tenemos que evitar los movimientos bruscos o lineales, ya que al hacerlo así no conseguiremos ni estimular bien ni limpiar correctamente”, apunta. Es cierto que no pretendemos demonizar el lavado diario si el cuero cabelludo lo necesita de verdad (puede ayudar a regular la producción de sebo, tal y como explica Burillo), pero es cierto que muchas veces la necesidad de lavarlo a diario es una mezcla de costumbres y lavados frecuentes poco eficientes que no dejan el pelo del todo limpio.

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