14/05/2026

David Luu, cirujano experto en envejecimiento: “Cada kilo de músculo que desarrollas repercute en todos los sistemas de tu cuerpo para el resto de tu vida”

#2. Estrés sí, pero con recuperación

Que no cunda el pánico. Demasiado estrés es negativo: “Aumenta el cortisol y eso puede deteriorar la piel y el músculo”, apunta la doctora Amy Killen. Pero, tal y como confirman Lyon y Luu, también puede ser positivo. “No estamos hechos para evitarlo, sino para crear resiliencia”, avanzan. “Nos han enseñado que el estrés es el enemigo, pero no lo es. El enemigo es el estrés crónico y no resuelto. El estrés breve y controlado es una de las herramientas más poderosas que tenemos”, específica Luu. Y para entenderlo, vuelve a hacer referencia al trabajo de las células. “A nivel celular, el estrés controlado obliga a las mitocondrias a volverse más eficientes. Las mitocondrias son los generadores de energía dentro de cada célula. Y cuando las desafías mediante ejercicio, exposición al frío o ayuno, por ejemplo, se reparan y producen energía de manera más efectiva. Y las mitocondrias sanas mantienen los músculos fuertes y mantienen el revestimiento vascular flexible y resistente. Cuando la función mitocondrial disminuye, se pierden ambas. El músculo se debilita. Los vasos sanguíneos se endurecen. El envejecimiento se acelera”, apunta. Pero efectivamente, no estamos hablando de vivir con un estrés excesivo sostenido en el tiempo: “La clave es la recuperación. El estrés sin recuperación es daño. El estrés con la recuperación es crecimiento”.

#3. Un propósito diario (y relaciones sociales significativas)

“En Occidente hay una crisis de soledad, y la longevidad no sólo es ciencia, también es comunidad, propósito, estilo de vida”, afirma Luu. Por eso uno de sus pequeños hábitos para envejecer con intención tiene que ver con tener un propósito al levantarse cada día. “Invierte en tus relaciones porque las conexiones sociales de calidad reducen el estrés, la inflamación y protegen el cerebro. Ayuda a los demás. Escucha. Construye un círculo de personas con las que puedas contar. Y cada pocos años aprende algo nuevo: un idioma, un instrumento, un deporte, ajedrez, pintura. El aprendizaje mantiene joven al cerebro. Crea nuevas conexión a cualquier edad”, afirma.

#4. Define tu rutina semanal

Para Luu envejecer con intención no es algo pasivo, es consecuencia de trazar un plan en el que todo lo que haces suma. Por eso, otro de los pequeños hábitos que recomienda es tener un ritual semanal con gestos que puedas mantener. “Duerme al menos siete horas. Come al menos un gramo de proteína por kilo de peso corporal cada día. Entrena con pesas dos o tres veces a la semana. Y completa con otra actividad que te guste: yoga, pilates, caminar, correr, nadar, practicar jardinería… El cambio y la movilidad llegan de forma natural cuando disfrutas con lo que haces. El mejor hábito es aquel que nunca abandonas”, añade.

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