27/05/2026

Dormir con la ventana abierta. ¿De verdad es más saludable?

¿Eres de ventanas abiertas o cerradas? Para dormir bien todo el año, la temperatura es clave

No sé qué harías tú, pero yo podría dormir al aire libre, en mitad de la nieve. Con una cama y una manta, claro, pero lo ideal sería que estuvieran sobre un suelo nevado. Por mí: que los copos caigan en la cara poco a poco. Porque cuanto más fría está mi habitación por la noche, mejor duermo. No me basta con el frescor de la habitación: necesito el de fuera, así que abro todas las ventanas del piso para dormir bien.

¿Qué es mejor?

Pero, ¿de verdad es saludable? ¿O en realidad dormimos mejor cuando hace calor? Es un hecho que para muchos, el aire fresco forma parte de la rutina de sueño perfecta. Sin embargo, dormir bien no solo depende de si la ventana está abierta, sino de cómo el cuerpo regula su temperatura por la noche. «Por lo general, se recomienda que el dormitorio esté fresco», explica Christine Blume, investigadora del sueño. Esto se debe a que nuestra temperatura corporal desciende de forma natural a lo largo de la noche, un proceso biológico estrechamente ligado a nuestro ritmo de sueño. Un ambiente más aireado favorece el proceso, ya que así el cuerpo gasta menos energía para liberar calor. «La temperatura ambiente debe ser más fría que la corporal», explica Blume. Precisamente por eso mucha gente suele conciliar el sueño y dormir mejor en habitaciones ligeramente más frescas. Pero no hay que tener los pies fríos: eso dificulta conciliar el sueño.

Por qué no dormimos bien con los pies fríos

Según Blume, la liberación del calor del cuerpo se produce principalmente a través de los finos plexos vasculares de las manos y los pies, que se encuentran muy cerca de la superficie de la piel. Por la noche, la melatonina (la hormona del sueño) los dilata, facilitando dicha liberación. Por eso, tener los pies fríos dificulta conciliar el sueño. «No tenerlos a la temperatura adecuada impide que la disipación del calor funcione bien», explica el experto. El cuerpo permanece en un estado activado, por así decirlo, en lugar de pasar lentamente al modo de sueño.

Los estudios llevan años demostrando que las temperaturas excesivamente altas empeoran notablemente la calidad del sueño, sobre todo en las llamadas noches tropicales (cuando las temperaturas no bajan de los 20 grados centígrados). Mucha gente conoce de sobra esta sensación: pasas horas despierto, giras una y otra vez la almohada hacia el lado frío, te despiertas sudando y a la mañana siguiente te parece que apenas has dormido.

Sin embargo, uno no duerme mejor por el mero hecho de que el dormitorio esté más frío. Un dormitorio helado no es la solución perfecta: las temperaturas demasiado bajas o las corrientes de aire permanentes también pueden estresar el cuerpo y alterar el sueño. En lugar de relajarse de verdad, el organismo tiene que luchar contra el frío para estabilizar la temperatura corporal. Por eso, los investigadores señalan que lo ideal es el equilibrio, y no de la regla «cuanto más frío, mejor».

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