30/05/2026

El cuello arrugado de los vestidos es el que más favorece (palabra de la reina Letizia y Victoria de Suecia)

El cuello arrugado, o cómo un detalle casi desapercibido es capaz de cambiar por completo un estilismo (confirmado por las ‘royals’ más estilosas)

Ni halter, ni drapeado clásico, ni exactamente victoriano o cuello lechuguilla. El cuello arrugado, pudiéndose definir como ese escote suavemente fruncido que rodea el cuello y transforma la caída del tejido, se ha convertido silenciosamente en uno de los recursos sartoriales más interesantes de los últimos tiempos. Aunque no es ni mucho menos el más popular, su atractivo silente lo hace muy, pero muy interesante, haciéndolo capaz de modificar por completo un estilismo sin necesidad de excesos.

Este cuello, que parece recordar varios siglos de moda sin pertenecer del todo a ninguno, tiene la capacidad de construir visualmente un estilismo en cuestión de diseño. Eleva el porte, estiliza los hombros, aporta movimiento y genera volumen alrededor del rostro. Ejerce algo así como el marco que recoge tus facciones. Puede recordar al halter –como en el look en trampantojo que llevaba la reina letizia en la inauguración de la Feria del Libro 2026–, citar el drapeado griego, o insinuar una lechuguilla contemporánea –como en el vestido por el que se decantaba Victoria de Suecia en la inauguración de una exposición dedicada a la historia de los judíos daneses que huyeron a Suecia durante la Segunda Guerra Mundial–. No sorprende nada que varias royals –por no decir de las favoritas del mundo entero– hayan encontrado en este detalle un aliado perfecto.

La versión más literal de Victoria de Suecia

Si hay alguien que ha abrazado la lectura más evidente y romántica de esta tendencia, esa es Victoria de Suecia. La heredera sueca ha convertido este tipo de escote en una extensión natural de su estilo: femenino, fluido y con un toque ligeramente bohemio. El vestido verde estampado que lució resume perfectamente todas las virtudes del cuello arruado. El frunce nace directamente alrededor del cuello y cae en ondas suaves sobre el torso, generando un efecto drapeado muy orgánico. No hay rigidez. Además, el diseño juega con varias referencias al mismo tiempo. Tiene algo del cuello halter por la forma en que despeja visualmente hombros y clavícula, algo de inspiración setentera en la silueta fluida y hasta un eco suavizado de la lechuguilla gracias al volumen reunido alrededor del cuello.

La clave está en que Victoria no intenta sofisticarlo desde el exceso. Apenas unos pendientes verdes, un bolso y un cinturón fino del mismo color y sandalias discretas bastan para dejar que el escote haga todo el trabajo. El resultado es exactamente el que define este tipo de detalle: un vestido aparentemente sencillo que adquiere presencia gracias a la construcción del cuello.

El cuello arrugado de los vestidos es el que ms favorece

Lindblom Stefan/Stella Pictures/ABACA

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