28/06/2026

‘El diablo viste de Prada 2’: regalo para fans al más alto nivel y un emotivo reencuentro con Andy, Emily y Miranda

No se puede esperar mucho más. El reencuentro con Miranda, Emily y Andy es de los que calienta el corazón y llega a emocionar. Pero Anne Hathaway, Emily Blunt y Meryl Streep no son las mismas que hace veinte años; el panorama cinematográfico y lo que pide el público, tampoco. Lo que Frankel y Brosh McKenna plantean aquí es exactamente lo mismo que plantearon en la primera: tres mujeres se necesitan para avanzar en un entorno laboral profundamente hostil. La llegada de Andrea Sachs a Runway, la revista ficticia que funciona como trasunto de Vogue, es muy parecida a la de la primera entrega, pero con mejores looks; el encuentro con Nigel es tan tierno como cabría esperar –hay hasta un paseo por ese armario de la revista–, y la reunión con Emily resulta divertida. El entorno laboral es hostil, sí, pero por lo que llega desde fuera, ya en ningún caso por lo que hay dentro. Todo el mundo ha aprendido o lo ha intentado, incluida Miranda.

La crisis de los medios no es nueva para nadie. Así está el panorama. Tampoco debería sorprender a estas alturas que las publicaciones vivan en gran medida de los anunciantes, incluso aquellas que se jactan de tener una nutrida base de suscriptores. ¿Es esta película sobre nosotros? No, ciertamente, pero sí es una aproximación bastante fiel a lo que sucede en cualquier redacción.

A lo largo de dos horas, El diablo viste de Prada 2 ofrece lo que prometía sin sobresaltos. Una revisitación a un largometraje ya icónico que se ha colado entre los mejores sobre el mundo de la moda y en el Olimpo de las comedias de la primera década de este siglo. Pero a lo grande. Si para el rodaje de la primera sudó sangre Patricia Field para conseguir préstamos de ropa, insistimos, aquí todas (e insistimos en el todas) las casas han querido estar y figurar. Hasta pasan por Milán para arreglar unos asuntillos, pero bien podría haber sido aquel París de la primera película la ciudad escogida. Unos asuntillos que pueden resumirse en las intrigas palaciegas que cualquiera puede asumir que suceden de puertas para adentro. Los cameos son sorprendentes, incluso habiéndose filtrado hace meses, la acción transcurre de un modo ciertamente previsible –la estructura es calcada a la de la primera película– y El diablo viste de Prada 2 funciona casi como un reloj. Y en este momento en el que las películas espectáculo también han caído en la maldición de querer contarse a través de reels y tiktoks (y aquí algo de eso hay), eso es casi un milagro. Los fans estarán (estamos) encantados.

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